Al concluir esta entrevista con Ramón Antonio Victoriano Martínez, o Arturo, como le conocen sus amigos, sobre su libro Rayanos y dominicanyorks: la dominicanidad del siglo XXI, bajé a la biblioteca para pedir El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo.
No es tarea fácil contenerse de conversar con él y no salir empapado de deseos de seguir explorando la literatura dominicana.
El profesor Arturo obtuvo su doctorado en la Universidad de Toronto en el área de literaturas hispánicas y latinoamericanas en 2010.
Actualmente enseña lengua española, literatura y cultura latinoamericana y caribeña en el Departamento de Estudios Franceses, Hispánicos e Italianos de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá.
Su obra analiza la identidad dominicana a partir de la figura del rayano, habitante de la frontera, y se apoya en una lectura crítica de varios textos fundamentales, además de la obra mencionada en el primer párrafo: Cosecha de huesos, de Edwidge Danticat; Dominicanish, de Josefina Báez; y La breve y maravillosa vida de Oscar Wao, de Junot Díaz.
Acá les compartimos nuestra conversación.
JP: Cómo nace este amor por la literatura y, en especial, por la literatura de la República Dominicana y del Caribe.
Arturo: Soy lector desde pequeño.
Me gradué de Derecho aquí, en la República Dominicana, en la Universidad Católica de Santo Domingo.
Ese amor por la literatura nunca me abandonó y, de hecho, mis estudiantes de Derecho de los años noventa pueden dar testimonio de que muchas de mis clases eran, básicamente, análisis literario de los artículos del Código Penal.
Cuando me mudé a Canadá decidí cambiar de carrera y dedicarme al campo de la literatura.
JP: Este libro, Rayanos y dominicanyorks, ¿era algo que ya traías escrito desde la República Dominicana o fue en Canadá donde surgió la idea? Arturo: Hice la maestría y el doctorado en la Universidad de Toronto entre 2005 y 2010.
El libro es el resultado de mi tesis doctoral.
Su génesis es muy interesante.
Presenté un proyecto original en el que quería trabajar el siglo XIX en el Caribe hispanoparlante, es decir, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico.
Mi intención era analizar cómo cambiaba el discurso de la nación entre las décadas de 1860 y 1880.
En 1868 tenemos las revueltas en Puerto Rico y Cuba, mientras que en la República Dominicana se estaba dando la transición hacia el capitalismo moderno, o lo que podríamos describir como un proceso de modernización.
Yo quería estudiar esa etapa y observar cómo los discursos tradicionales iban transformándose, con figuras como José Martí, entre otras.
Durante la maestría escribí un ensayo sobre El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo.
Los estudiantes de posgrado debíamos presentar nuestros trabajos ante profesores y compañeros del departamento.
Cuando expuse mi ensayo, quien luego sería mi supervisor y se convirtió en un gran amigo, Néstor Rodríguez —dominicano criado en Puerto Rico—, me dijo: “Ahí está tu tesis, en el rayano; esa es tu investigación”.
Néstor me cambió la tesis en quince minutos y delante de todo el mundo.
A partir de ahí seguí trabajando la figura del rayano.
De hecho, una anécdota para los jóvenes académicos: el primer capítulo que escribí fue el dedicado a El Masacre se pasa a pie y Cosecha de huesos, que terminó siendo el capítulo tres del libro.
Esa es, más o menos, la génesis de esta obra.
JP: ¿Podría explicar brevemente los conceptos de rayano y dominicanyork después de haberlos estudiado durante tantos años? Arturo: La gente me acusa y me dice: “Eso de rayano te lo inventaste tú, Arturo”.
Pero yo no me inventé nada.
Rayano y su variedad arrayano son palabras que existen en el español dominicano desde, al menos, finales del siglo XIX.
Rayano la utiliza Manuel Rueda, que era un rayano nacido en Montecristi.
También aparece en los diccionarios dominicanismos de Patín Maceo y de Carlos Esteban Deive y en el Diccionario del Español Dominicano de la Academia Dominicana de la Lengua Española.
Además, es una de las palabras que emplea Freddy Prestol Castillo, junto con “catizo”, para describir a los habitantes de la frontera dominico-haitiana.
Dominicanyork es un término que surge en los años setenta del siglo XX.
Inicialmente se utilizó para describir a los baloncestistas que llegaron al país desde finales de los años sesenta.
Me refiero a jugadores como Hugo Cabrera, Héctor Báez, Manolito Prince, Winston Royal y Kenny Jones.
Primero se les llamaba York-Dominican y luego Dominican-York.
A finales de los años setenta y durante los ochenta, el término adquirió una connotación peyorativa para referirse a los dominicanos que se habían criado o habían nacido en Nueva York.
Es una expresión que surge de la extensión de nuestra cultura hacia los Estados Unidos y que yo intento resignificar en el libro.
Por otro lado, el término rayano ha adquirido cierto tono despectivo en las últimas décadas, aunque nunca nació con esa intención.
Simplemente describía a quien vivía en la frontera, a quien habitaba la raya.
Mi querido hermano Marcos Blonda contaba que una vez le preguntaron a alguien: “Ven acá, ¿de dónde tú eres, de aquí o de allá?”, y la persona respondió: “Yo soy de la raya”.
Así que no es un término inventado por mí; forma parte del español dominicano.
Lo que hago es intentar pensar la dominicanidad del siglo XXI, ya en su tercera década.
Hay que recordar que este libro fue escrito entre 2005 y 2010, por lo que también es hijo de su tiempo.
JP: ¿Qué estás trabajando de cara al futuro? Arturo: Los académicos siempre tenemos un proyecto en marcha.
Y si uno es neurodivergente, como yo, suele tener más de uno.
Ahora mismo estoy trabajando sobre las décadas de 1960 y 1970 en la República Dominicana y desarrollando lo que espero sea un intento de historia intelectual de ese período.
Mi interés está centrado en la política y en las ideas que marcaron aquella época.
Ojalá que los lectores le den a este nuevo proyecto la misma acogida que recibió mi obra anterior.
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