El veterano de 42 años sigue rompiendo marcas y redefine el límite de edad en el montículo
Max Scherzer, de 42 años, superó a Gaylord Perry y ahora es el noveno lanzador con más ponches en la historia de la MLB, un hito que reaviva el debate sobre la longevidad y el rendimiento en el béisbol de élite.
El domingo, Max Scherzer escribió otra página dorada en su carrera al lograr su ponche número 3,535, superando al miembro del Salón de la Fama, Gaylord Perry, para ubicarse en el noveno lugar histórico. Lo hizo de manera contundente: siete entradas, un solo imparable, una base por bolas y 10 ponches, guiando a los Azulejos de Toronto a una victoria 4-0 sobre los Marineros de Seattle. Una actuación que no solo aseguró el triunfo, sino que consolidó su estatus como uno de los lanzadores más dominantes de su generación.
Este logro no es casualidad. A sus 42 años, Scherzer demuestra que la edad es solo un número en el béisbol moderno, donde el cuidado físico y la inteligencia en el montículo permiten a los veteranos competir al más alto nivel. Su apertura del domingo fue la mejor de la temporada, ya que en sus 12 presentaciones anteriores no había logrado completar siete entradas ni limitar a sus rivales a un solo hit. Este rendimiento reafirma una tendencia creciente en las Grandes Ligas: la longevidad de los lanzadores de élite.
El hito de Scherzer también tiene un impacto en la diáspora dominicana, que lo sigue con orgullo. Aunque nació en Estados Unidos, su herencia dominicana lo conecta con una fanaticada que celebra cada uno de sus logros como propios. Además, su nombre ahora se menciona junto a leyendas como Perry y a su contemporáneo Justin Verlander, a quien podría alcanzar pronto: solo 19 ponches lo separan de igualar los 3,554 del astro de los Astros.
En un contexto internacional, la carrera de Scherzer es un caso de estudio sobre la evolución del pitcheo. Mientras las lesiones afectan a muchos lanzadores jóvenes, él sigue desafiando las expectativas. Su constancia y su capacidad para adaptarse lo convierten en un referente, no solo para los dominicanos, sino para toda una generación de peloteros que ven en él un ejemplo de disciplina y pasión por el juego.











