Ramón B. Castillo analiza en la crisis de los partidos y el auge de movimientos desde barrios populares
En su columna ‘Tragicomedia’, publicada en el 11 de septiembre de 2026, Ramón B. Castillo sostiene que la democracia dominicana ha degenerado en una tragicomedia electoral, marcada por la demagogia y el surgimiento de un movimiento político desde el barrio Capotillo. El análisis plantea interrogantes sobre la descomposición del sistema de partidos y sus implicaciones nacionales.
El columnista Ramón B. Castillo, en su artículo ‘Tragicomedia’ difundido por el 11 de septiembre de 2026, traza un contraste entre la democracia heroica del siglo pasado y la actual. Recuerda que el pueblo dominicano combatió y derrocó la tiranía trujillista, conquistó su libertad e instauró su democracia, enfrentó una invasión militar extranjera y resistió una dictadura de doce años. En aquellos tiempos, los partidos políticos escogían a los mejores hombres y mujeres para competir por cargos electivos, y una Junta Central Electoral integrada por ciudadanos serios y capaces, presidida en una ocasión por el prócer Ángel María Liz, contaba los votos y proclamaba a los ganadores, decisiones que todos aceptaban.
Según Castillo, la llegada de la ‘globalización’ y el ‘neoliberalismo’ transformó la libertad en libertinaje y la democracia en una tragicomedia. Las elecciones, afirma, se han convertido en pintorescos carnavales donde los candidatos ya no son promotores idóneos de programas de gobierno viables y progresistas, sino personajes graciosos y demagogos de abigarradas comparsas. Un enjambre de partidos políticos, que se juntan o se dispersan según sus conveniencias, abruma al pueblo con espectáculos costosos donde compiten las ofertas más demagógicas, el reparto de dádivas y las caravanas más ruidosas o los disfraces y caretas más llamativos.
El artículo resalta que en ese ambiente surge del barrio Capotillo un novedoso movimiento ‘político’, pero no de las masas trabajadoras, sino de las madrigueras del ‘tigueraje’ al que Karl Marx llamó despectivamente ‘lampen proletario’. Castillo aclara que no responde a un estado prolongado de represión, como el Movimiento Revolucionario 14 de Junio en la heroica Ciudad Nueva, ni a un mecanismo natural de defensa social. Lo describe como una grotesca representación política de sectores desclasados, auspiciada, según parece, por encumbrados estratos del ‘bajo mundo’, con propósitos hasta ahora desconocidos. Agrega que podría ser un esfuerzo del ‘tigueraje’ barrial por ocupar los jugosos puestos que hoy usufructúan políticos desgastados y corrompidos al servicio de opulentas élites.
Castillo considera que el surgimiento de ese movimiento es un ominoso síntoma de descomposición, no una señal auspiciosa de rectificación, progreso económico o desarrollo social. Se pregunta qué tan vasta y profunda es esa descomposición y hasta dónde llevará. Aunque admite que tal vez sea una efímera burbuja mediática, subraya que ya uno de los temas centrales de la presente campaña electoral es el de las posibilidades, vicios y virtudes de esa ‘nueva opción’, lo que evidencia su impacto en el debate político nacional.











