El presidente asume el partido con la misión de arbitrar una sucesión competitiva y mantener la unidad oficialista
La proclamación de Luis Abinader como presidente del PRM marca el inicio de una estrategia de continuidad política que busca mantener el poder más allá de 2028, en un contexto de oposición dividida.
La proclamación de Luis Abinader como presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) abre una nueva etapa en la vida de la organización oficialista. Más que un relevo de autoridades, el acontecimiento marca el inicio de un ciclo político en el que el partido deberá administrar simultáneamente el ejercicio del poder y la inevitable sucesión presidencial de 2028.
Abinader asumió la presidencia del PRM para el período 2026-2030 con un mensaje de unidad, institucionalizad y renovación. De manera explícita afirmó que no llega para imponer un ‘heredero o heredera’ política, sino para garantizar las condiciones para que el partido escoja democráticamente a quien encabezará su boleta presidencial. Esta posición resulta políticamente significativa, pues al no poder aspirar a un tercer período consecutivo, pasa de ser el candidato natural a convertirse en árbitro de un proceso sucesorio que generará competencia entre varias figuras.
El desafío será mantener esa competencia dentro de los límites de la unidad. Una candidatura presidencial que surja de un proceso legítimo, sea aceptada por los distintos sectores y posteriormente reciba el respaldo de todos, podría convertirse en una de las principales fortalezas del PRM.
Las mediciones recientes continúan mostrando niveles mayoritarios de aprobación para el presidente. AtlasIntel registró en agosto 55.5 % de aprobación entre quienes expresaron una opinión definida, mientras ACD Media había situado la aprobación personal de Abinader en 50 %. Más allá de las cifras, existe una percepción política que explica parte de esa aceptación: un presidente cercano, que escucha, trabajador y honesto. El escenario opositor también representa una variable favorable: Fuerza del Pueblo y PLD continúan compitiendo por el liderazgo de la oposición, mientras mantienen caminos separados hacia 2028. Si el PRM consigue preservar su unidad, realizar una competencia interna ordenada y respaldar sin fisuras al ganador, mientras enfrenta una oposición dividida, sus posibilidades de conservar el poder más allá de 2028 aumentarían considerablemente.








