El descontento popular por precios y servicios marca el pulso político dominicano
A medida que se acerca el próximo torneo electoral, el debate económico se intensifica en República Dominicana. Un análisis de Manuel Hernández Villeta revela la creciente brecha entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana de la población.
El balance de la economía será la espina central que guiará el próximo torneo electoral, según el análisis de Manuel Hernández Villeta. Si el factor económico va bien, el gobierno tendrá un escalón a su favor; si hay tropezones, se beneficiará la oposición. Esta dinámica se enmarca en un contexto regional donde los ciclos económicos y las políticas fiscales influyen cada vez más en la estabilidad política.
La economía no se puede medir con un rasero único. Existen traumas que se enfrentan de acuerdo con las necesidades diarias. No hay hermandad de seguimiento entre la supra economía y los que buscan la comida diaria. Mientras en la etapa superior la economía va viento en popa, con progresos sostenidos y un sector empresarial que podría estar en su mejor momento, en la calle se escucha el grito de la población por las alzas de los comestibles, las medicinas y los servicios.
El gobierno, si quiere mantener buenos cuadros de popularidad, tiene que establecer controles sobre los precios de los alimentos, los fármacos y los servicios básicos. No hay condiciones ahora mismo para pensar en una nueva reforma fiscal, aunque sea aplicada a cuenta gotas. La crisis económica que padece una parte sensible de la población hace inaplicable la fijación de nuevos impuestos.
Faltando alrededor de un año para que oficialmente se inicie la campaña, el devenir económico resulta incierto, a pesar de las muestras de confianza de las autoridades y la justificación de las medidas que toman. Un descontrol de la economía, en cualquiera de sus niveles, sería desastroso para la popularidad del gobierno. Hay que nivelar la carga económica para que ni el gran pueblo ni el empresario sean perjudicados. Es un paso en falso pensar que medidas de reajustes, cortar las subvenciones y crear nuevos impuestos serán la píldora mágica que todo solucionará.











