Primer Tiro El primer adjetivo es imputable al nivel de la inflación general, el segundo, al valor del peso dominicano frente al dólar.
Ambos coexisten.
Pero también ambos presentan condiciones que ameritarían el uso de los superlativos relativos, pues la inflación podría estar muy debajo de lo que estaría en condiciones sin subsidios, y la moneda nacional muy sobrevalorada en comparación con el valor requerido por la paridad de precios y la absorción del choque externo negativo.
Si los mercados internalizan esta situación, entonces las expectativas inflacionarias y cambiarias podrían empezar a cambiar en el muy corto plazo, pues es bien sabido que cuando los precios y los valores no responden a los fundamentos reales, cuando los subsidios son insostenibles, cuando un tipo de cambio muy bajo amenaza la competitividad y al resultado de un déficit externo financiable, tarde o temprano se producirá el ajuste en el que los precios se alinean a las condiciones del equilibrio macroeconómico de largo plazo.
Segundo Tiro En mayo del año en curso la inflación interna anualizada era de 5.35%, mientras que, sin subsidios, con efectos completos solo de primera vuelta, pudo haber sido de por lo menos un 6.2%, siempre de acuerdo con las estimaciones presentadas en la entrega anterior.
En Estados Unidos la inflación anual a mayo fue de 4.2%, para una diferencia de 2% con respecto a la inflación no reprimida por los subsidios.
A mayo la devaluación anualizada era de 0.5%, lo que, de acuerdo con la teoría de la paridad del poder adquisitivo, según la cual la devaluación debería ser por menos igual a la diferencia de la inflación, la sobrevaloración cambiaria ascendería a 1.5%, lo que equivaldría a un tipo de cambio promedio de venta de RD$ 60.35 por dólar para el mes de mayo, en vez de RD$ 59.36 registrado.
Sin embargo, el esfuerzo analítico debería concentrarse en determinar si la mejora de los indicadores del sector externo, que puede justificar la sobrevaloración, es transitoria o permanente, y si la proyección de un déficit de cuenta corriente de 2% del PIB se puede mantener después del choque externo.
Tercer Tiro Mientras el turismo, las remesas y la inversión extranjera directa han contribuido a sostener la oferta de divisas, la persistencia de un déficit en cuenta corriente cercano al 2% del PIB, y un diferencial de inflación superior al ritmo de depreciación nominal, plantean dudas sobre la sostenibilidad de la apreciación cambiaria.
Un peso persistentemente sobrevalorado reduce la competitividad de las exportaciones y de los sectores que compiten con las importaciones, incentiva el consumo de bienes importados y tiende a ampliar los desequilibrios externos, especialmente si el financiamiento de estos depende de flujos de capital sensibles a cambios en el entorno internacional.
En esas condiciones, el desafío de la política monetaria y fiscal no consiste únicamente en contener temporalmente la inflación mediante subsidios, o en preservar un tipo de cambio apreciado, sino en asegurar que ambas variables evolucionen de manera consistente con los fundamentos macroeconómicos.
De lo contrario, los subsidios solo postergarán el ajuste y la apreciación cambiaria terminará cediendo ante las fuerzas del mercado, trasladando simultáneamente a los precios internos y al tipo de cambio el costo acumulado de los desequilibrios.
La estabilidad macroeconómica duradera no se alcanza suprimiendo las señales del mercado, sino corrigiendo las causas que las originan.
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