Juan Francisco Puello Herrera En el béisbol las estadísticas no mienten.
Sobre ellas se construyen las leyendas, se comparan generaciones, se deciden premios y se abre o se cierra la puerta del Salón de la Fama.
Sin embargo, pocas veces pensamos que parte de esas cifras fue determinada por decisiones arbitrales falibles.
Durante más de un siglo, el béisbol aceptó esa realidad como parte del juego.
Una decisión equivocada modificaba el resultado de una jugada; también alteraba los registros oficiales.
Un hit podía haber sido un out; un out podía haber sido un imparable.
Un corredor podía haber sido puesto fuera.
La llegada de la repetición instantánea, los sistemas electrónicos de revisión y tecnologías capaces de determinar con precisión la trayectoria de cada lanzamiento obliga a mirar el pasado desde una perspectiva distinta.
No para modificar la historia, porque los resultados jamás deben alterarse, sino para comprender que muchas cifras inmutables estuvieron condicionadas por las limitaciones de su tiempo.
Llegó el momento de incorporar un concepto nuevo: las estadísticas contrafácticas, o retrospectivas.
No serían oficiales ni sustituirían las existentes.
Constituirían un ejercicio destinado a responder una pregunta: ¿cómo habrían sido determinados récords si las herramientas actuales hubiesen existido hace cincuenta o cien años? La respuesta sorprendería.
Algunos bateadores habrían perdido imparables registrados; otros habrían sumado hits injustamente negados.
Lanzadores habrían visto variar su efectividad; corredores habrían sido declarados out.
Incluso juegos memorables quizá habrían seguido un rumbo diferente por una sola decisión corregida.
Estas estadísticas no buscan restar méritos a los protagonistas del pasado.
Permiten valorar sus hazañas al recordar que jugaron cuando el error arbitral formaba parte inseparable de la competencia.
Toda estadística es hija de su tiempo.
Así como los historiadores revisan el pasado cuando aparecen nuevas evidencias, el béisbol también puede contemplar sus números sin alterar la verdad histórica.
Los récords permanecerán invariables porque forman parte de la historia oficial y resulta imposible reconstruir cada jugada con certeza absoluta.
Sin embargo, ello no impide comprender cómo muchas de esas cifras pudieron haber sido diferentes.
Quizá la tecnología nos haya invitado a mirar el pasado con nuevos ojos.
No para modificarlo, sino para comprender que detrás de cada cifra existe una historia y que muchas fueron determinadas por decisiones humanas hoy distintas.
Las estadísticas oficiales conservarán su lugar histórico; las contrafácticas nos permitirán imaginar el béisbol que pudo haber sido y comprender mejor el que realmente fue.
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