El » » fue escenario de una que parecía no querer terminar.
y llegaron a la tercera fecha del con el peso de dos selecciones acostumbradas a los grandes escenarios.
Frente a frente, dos equipos del de la protagonizaron un partido que tuvo de todo: remontadas, revisiones, aces, , intercambios interminables y un de apenas que duró , pero pareció una eternidad.
Al final, salió del con una que tiene un sabor especial: , con parciales de 22-25, , 22-25, y.
Fueron de voleibol de alto nivel para que las canadienses consiguieran algo que no lograban desde : vencer a en un torneo.
La reciente hacía todavía más grande la hazaña.
En los , apenas había derrotado dos veces a en este tipo de competencia, para un registro de.
Pero esta vez la comenzó a escribirse diferente.
golpeó primero.
En un de 32 minutos, las estadounidenses encontraron la manera de contener los ataques canadienses y se llevaron el set.
El partido, sin embargo, ya mostraba desde temprano que no habría espacio para la comodidad.
respondió en el.
El marcador llegó empatado a 24 y cada pelota comenzó a pesar como si fuera la última.
Una terminó inclinando el punto 25 hacia las canadienses, que quedaron a uno de igualar el encuentro.
Y entonces apareció la estrategia sobre la red de , número 27, para cerrar el parcial.
El partido comenzaba de nuevo.
El volvió a ser una demostración de equilibrio.
se impuso en 24 minutos, a pesar de que mostró un sólido en recepción.
Ambos equipos remataron 42 veces y también compartieron seis aces en el servicio.
La diferencia estuvo en los.
Y en un partido entre dos selecciones de este nivel, esos detalles pueden decidir una.
volvió a levantarse en el.
La recepción volvió a ser uno de sus principales argumentos y las canadienses alcanzaron un.
El set volvió a convertirse en una pelea punto por punto, con siete aces para cada equipo, 56 remates por bando y una intensa en la red.
tuvo una ligera ventaja en , 11 contra 10, pero consiguió aprovechar mejor los errores de su rival y terminó imponiéndose.
Todo se reducía a.
Y allí comenzó el verdadero drama.
El fue una sucesión de.
Ninguno de los dos equipos estaba dispuesto a ceder.
Cada ataque encontraba una defensa; cada error podía convertirse en la diferencia entre ganar el grupo A o terminar la jornada con una derrota.
mantuvo la cuando más falta hacía.
, con , encabezó el ataque canadiense.
aportó otros 20, mientras Hilary Johnson terminó con 12, con 11 y Emily Maglio con 10.
Cinco jugadoras canadienses alcanzaron cifras de dos dígitos en una ofensiva que necesitó repartir el peso para sobrevivir a la presión estadounidense.
Del otro lado, cargó buena parte de la ofensiva de con.
Avery Skinner sumó 15, mientras Chiara Ogbogu y Stéphanie Samedy terminaron con 11 cada una.
Pero en el , el partido ya no se jugaba con.
Se jugaba con.
consiguió llegar primero a los y cerró el encuentro.
Fueron de «brincos y espantos», como describió el propio relato del partido, para consumar una que llevaba cinco años esperando.
Cuando cayó el , no solo terminó un partido.
Terminó una.
volvió a derrotar a en el y, de paso, aseguró el primer lugar del grupo A en una jornada que confirmó por qué estos dos equipos pertenecen a la.
En , la diferencia entre ganar y perder volvió a medirse en centímetros, en decisiones y en la capacidad de resistir un punto más.
Esta vez, ese punto fue canadiense..












