Pescadores capitalinos enfrentan la disminución de capturas por contaminación y calentamiento global
En la costa de Santo Domingo, decenas de pescadores recreativos mantienen viva una tradición que combina recreación y sustento, mientras advierten sobre el impacto de la contaminación y el cambio climático en la pesca del litoral caribeño.
Cada mañana, antes del mediodía, las siluetas de decenas de pescadores recreativos emergen en la orilla rocosa de la autopista 30 de Mayo, en Santo Domingo. Con cañas, cordeles y una devoción indestructible por el Caribe, estos hombres desafían el sol, la brisa implacable y el golpe furioso del oleaje en un tramo costero donde el tiempo parece detenerse.
Maximino Santana Astacio, de 60 años, conocido como ‘el pescador solitario’, lleva 42 años practicando la pesca con snorkel. ‘Trabajaba en el aeropuerto y solía irme a pescar. Como no tenía tiempo para convocar a ningún amigo, siempre iba solo; por eso me bautizaron con ese seudónimo’, narró. Explicó que gracias a este pasatiempo logra recrearse y refrescar el cuerpo, pero además consigue algo de dinero para paliar la situación económica.
‘Cuando la pesca está favorable, da para el sustento de la casa y también para vender. Aunque hay que reconocer que aquí, en este litoral del mar Caribe, la pesca está muy diezmada en la actualidad: la contaminación, los malos tiempos y el cambio climático por el calentamiento global nos han afectado bastante’, concluyó el pescador.
La pesca recreativa en la capital no solo es un pasatiempo, sino una actividad que refleja la crisis que enfrenta el sector pesquero a nivel nacional e internacional debido al calentamiento global y la contaminación marina. Mientras el carrete suena y el anzuelo vuela hacia las aguas profundas, estos hombres transforman la paciencia en un ritual de libertad y comunión con el mar, en un escenario donde la fuerza del océano contrasta con la serenidad de quienes aguardan el pique.










