Zach Cregger apuesta por la fidelidad a los videojuegos en nueva entrega de la saga
El estreno de ‘Resident Evil: Noche Cero’, dirigida por Zach Cregger y protagonizada por Austin Abrams, reabre el debate sobre las adaptaciones de videojuegos. La cinta busca un reinicio distanciado de la saga de Milla Jovovich y de ‘Welcome to Raccoon City’, pero recibe opiniones encontradas.
La película ‘Resident Evil: Noche Cero’ constituye un reboot de una franquicia que lleva décadas maltratada en el cine. Zach Cregger quería un reinicio distanciado de la saga de Milla Jovovich y del fracaso de ‘Resident Evil: Welcome to Raccoon City’, optando por mantenerse fiel a la esencia de los videojuegos. La crítica señala que simula la atmósfera de terror de supervivencia de los juegos, pero frecuenta lugares previsibles y el gore gratuito.
La trama sigue a Bryan, un mensajero médico que llega a Raccoon City para repartir un paquete durante una noche nevosa. Su labor cambia cuando debe sobrevivir en medio del brote viral que transforma a las personas en zombis y criaturas grotescas. El arranque es original al adoptar fórmulas del cine de terror de zombis corporal y acción, combinadas con tropos de los videojuegos de Resident Evil, pero con un protagonista ordinario que descubre un fenómeno extraordinario.
El guion no desarrolla la psicología del protagonista más allá de una síntesis descriptiva que justifica sus motivaciones. Lo coloca en situaciones rutinarias con diálogos triviales y escenas expositivas. El material se vuelve autorreferencial: la huida de Bryan de una casa desolada, su práctica con pistola y escopeta, la misión de entregar el virus-T por alcantarillas y estacionamientos plagados de zombis, y su curiosidad por los laboratorios de Umbrella.
Aunque Cregger mezcla terror con humor absurdo y evoca la búsqueda de ítems y la gestión de munición, la estructura narrativa se resuelve de forma facilona con un ritmo de persecuciones, saltos y criaturas infectadas que no va a ninguna parte. No hay misterio, conspiración amenazante ni personajes secundarios que importen. Los jumpscares que provocan miedo se cuentan con los dedos. Austin Abrams entrega una actuación decente como Bryan, un repartidor inepto e inseguro que aprende a combatir para salvarse. La dirección de Cregger logra eficacia en la construcción de escenarios atmosféricos.










