El oficialismo blinda su maquinaria electoral ante la polarización de sus aspirantes
Con la proclamación de Luis Abinader como presidente del PRM este domingo, el partido oficialista cierra su convención y abre el tablero sucesorio hacia 2028, un proceso que definirá el futuro político de República Dominicana en un contexto de fragmentación regional.
La XXIV Convención Nacional Ordinaria del PRM, celebrada en el Club San Carlos y dedicada a Orlando Jorge Mera, culmina este domingo con un acto que trasciende lo protocolario. Abinader asume el control del partido con el respaldo de la directiva ratificada el 9 de agosto, pero el verdadero desafío será mantener la cohesión frente a una creciente lista de aspirantes presidenciales que ya genera tensión en el oficialismo.
La polarización entre David Collado, ministro de Turismo, y Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, es el síntoma más visible de una interna que también incluye a Wellington Arnaud, Raquel Peña, Guido Gómez Mazara, Tony Peña Guaba y Roberto Fulcar. Este escenario replica una tendencia regional donde los partidos dominantes enfrentan luchas sucesorias que pueden fracturar su base electoral, como se ha visto en otros países de América Latina.
El liderazgo de Abinader será puesto a prueba no solo en la selección del candidato presidencial, que se definirá en 2027, sino en la confección de las boletas municipales y congresuales, donde históricamente se concentran las disputas internas. El PRM llega a este proceso con un récord imponente: más del 57% de los votos en primera vuelta en 2024, 140 de 158 alcaldías y 146 de 190 diputaciones, un dominio que ningún partido había alcanzado en la era democrática.
La diáspora dominicana, que vota en el exterior y ha sido un bastión del PRM, observa con atención cómo se resuelve esta transición interna. La convención no solo define el liderazgo, sino que envía una señal de estabilidad a los mercados y a los socios internacionales, que ven en el oficialismo un ancla de la política económica del país.
Con la mirada en 2028, Abinader deberá equilibrar los intereses de sus correligionarios y evitar que las aspiraciones personales debiliten la maquinaria que lo llevó al poder. El PRM, que llegó al gobierno en 2020 y se reeligió en 2024, busca reeditar una victoria histórica, pero el camino estará marcado por la necesidad de un consenso que, por ahora, parece más un deseo que una realidad.









