El presidente dominicano negocia con Washington mientras la diáspora y el comercio observan la disputa.
El presidente Luis Abinader clausuró el XXVIII Encuentro Nacional de Líderes del Sector Agropecuario de la JAD con un mensaje claro: República Dominicana no cederá en la protección del arroz, un sector que genera más de 250,000 empleos y que ahora es el centro de una disputa comercial con Estados Unidos, con implicaciones para la economía nacional y la diáspora.
La disputa por el arroz entre República Dominicana y Estados Unidos escaló a nivel presidencial. Durante su intervención en el XXVIII Encuentro Nacional de Líderes del Sector Agropecuario de la JAD, Luis Abinader aseguró que su gobierno está «convenciendo y hablando» con Washington para evitar que los aranceles afecten al sector arrocero, que representa más del 20% del valor bruto de la producción agropecuaria nacional y sostiene a más de 250,000 familias.
El conflicto surge tras el fin del período de liberalización del DR-Cafta. Estados Unidos exige que desde enero de 2025 su arroz entre sin aranceles al mercado dominicano, pero el Gobierno de Abinader, mediante el Decreto 693-24, mantiene una tasa de 99% a las importaciones que superen las 23,300 toneladas métricas exentas. La medida ha sido interpretada como un desafío a los compromisos internacionales del país, mientras el presidente defiende el derecho a proteger sectores estratégicos.
Abinader vinculó la protección del arroz con la seguridad alimentaria, recordando que durante la pandemia los productores nacionales garantizaron el abastecimiento. «Para nosotros es fundamental y estratégico defender la producción nacional», enfatizó, en un discurso que busca equilibrar las presiones externas con la necesidad de mantener la capacidad productiva local, un tema que también sigue de cerca la diáspora dominicana en EE. UU., que observa cómo esta disputa puede afectar las relaciones comerciales bilaterales.
El presidente destacó además los programas de mecanización e innovación impulsados con el Ministerio de Agricultura, con metas a corto, mediano y largo plazo. Estas iniciativas, según Abinader, buscan modernizar el sector y hacerlo más competitivo, un paso necesario para enfrentar la presión internacional sin sacrificar el empleo local.
La postura dominicana coloca al país en una encrucijada: cumplir con el DR-Cafta o proteger un cultivo emblemático. Mientras las negociaciones continúan, el gobierno insiste en que afectar al arroz dominicano también perjudicaría los intereses de EE. UU., un argumento que busca ganar aliados en el Congreso estadounidense y en la opinión pública internacional.










