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Buzos urbanos: el eslabón invisible que sostiene el reciclaje en República Dominicana

Buzos urbanos: el eslabón invisible que sostiene el reciclaje en República DominicanaBuzos urbanos: el eslabón invisible que sostiene el reciclaje en República Dominicana
Buzos urbanos: el eslabón invisible que sostiene el reciclaje en República Dominicana
Buzos urbanos: el eslabón invisible que sostiene el reciclaje en República Dominicana

Unos 1,600 recolectores en el Gran Santo Domingo trabajan sin salario formal y bajo riesgo biológico en la cadena de residuos

En la República Dominicana, como en otros países de América Latina, el término ‘buzo’ designa a quienes buscan y clasifican materiales reciclables en vertederos. En el Gran Santo Domingo, unos 1,600 hombres y mujeres realizan esta labor a diario, un eslabón clave de la economía informal y la gestión ambiental que permanece invisible para el Estado y la sociedad.

El origen del vocablo ‘buzo’ remite a una analogía marítima: de la misma forma en que un submarinista se sumerge en el mar en busca de tesoros u objetos ocultos, el buzo urbano se adentra metafóricamente entre la marea de basura para extraer plásticos, metales, cartón, vidrio o artículos reutilizables que puedan comercializarse. Esta labor representa una manera extrema de supervivencia económica y constituye el último eslabón de la economía informal en los centros urbanos.

Sin saberlo ni recibir un salario formal, estos trabajadores desempeñan un papel operativo crucial en la cadena inicial de recuperación de residuos sólidos, abasteciendo con materia prima a intermediarios, industrias de reciclaje y chatarreras locales que de otro modo recibirían un volumen significativamente menor de material reutilizable. En el Gran Santo Domingo, unos 1,600 hombres y mujeres se adentran diariamente en los depósitos de desperdicios para reciclar, sobrevivir y sostener parte de la economía informal del país.

A pesar de su aporte indirecto a la conservación ambiental y a la gestión de desechos, quienes ejercen esta labor trabajan en condiciones de extrema vulnerabilidad y bajo un constante riesgo biológico. Diariamente se exponen a gases tóxicos en depósitos masivos como el vertedero de Duquesa, cortaduras con materiales punzocortantes, condiciones climáticas inclementes y un profundo estigma social, convirtiendo el buceo en una de las expresiones más complejas y crudas del trabajo informal contemporáneo.

El vertedero de Duquesa, ahora con el sistema de relleno sanitario, ha mejorado considerablemente la vida de los buzos, pero aún sigue siendo un trabajo muy deplorable. Como si se tratara de la entrada a una empresa con relojes de ponche, un grupo de buzos espera el paso de algún camión compactador de desperdicios que vaya hacia el vertedero para montarse en la parte trasera a manera de bola y así llegar al lugar. Aunque para muchos representa un medio de vida honesto, las duras condiciones de vulnerabilidad y el estigma social que rodean al oficio.


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