Un referendo apretado define el futuro europeo de Islandia, con implicaciones globales.
Los islandeses decidieron este sábado si su país retoma las negociaciones para ingresar a la Unión Europea, en una consulta que podría redefinir el equilibrio en el norte de Europa y que es seguida de cerca por la diáspora y los mercados internacionales.
Con el cierre de los colegios a las 22:00 GMT, Islandia completó una jornada electoral que, según la televisión pública Rúv, mostró una participación superior a la de las legislativas de 2024 en todo el país, aunque en las circunscripciones de Reikiavik fue menor. Los sondeos previos apuntaban a un empate técnico, con el ‘sí’ y el ‘no’ separados por pocos puntos.
El referendo, impulsado por la coalición de la primera ministra Kristrún Frostadóttir, es el primer paso en un proceso que culminaría con otra consulta si se alcanza un acuerdo con Bruselas. Islandia, miembro del Espacio Económico Europeo desde 1994, ha sido históricamente escéptica a la adhesión, pero la crisis de 2008 y el contexto actual de incertidumbre geopolítica han reavivado el debate.
La discusión previa ha estado dominada por la soberanía nacional, el control de los recursos naturales y el coste de vida, en un escenario marcado por las amenazas de anexión de Donald Trump a Groenlandia. Este contexto regional añade presión a la decisión islandesa, que podría sentar un precedente para otras naciones pequeñas que negocian con grandes bloques.
Los resultados definitivos podrían tardar hasta la mañana del domingo debido a la dispersión de la población y la necesidad de transportar urnas a centros de recuento, algunos a más de 400 kilómetros. La Comisión Electoral Nacional advirtió que no habrá un conteo completo antes de esa hora, mientras el mundo espera una decisión que impactará las relaciones entre Europa y el Ártico.












