ADN, arqueología e historia tras las huellas del almirante
A más de cinco siglos de su muerte, la ubicación de los restos de Cristóbal Colón sigue siendo objeto de debate entre científicos e historiadores, con implicaciones para el patrimonio y la identidad de varias naciones.
Cristóbal Colón murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, España. Su cuerpo fue trasladado a Sevilla en 1509 y, según versiones históricas, en 1537 María de Toledo, esposa de su hijo, llevó los esqueletos del almirante y de su hijo Diego a la Catedral de Santo Domingo, cumpliendo así el deseo de Colón de ser enterrado en la isla La Española.
El tratado de Basilea del 22 de julio de 1795, que cedió la parte oriental de la isla a Francia, llevó al general Gabriel de Aristizábal a ordenar el 20 de diciembre de 1795 la exhumación de los huesos para enviarlos a Cuba. No obstante, surgieron sospechas de que los restos enviados a Cuba eran en realidad los de Diego, y que los de Colón permanecieron en Santo Domingo.
A finales del siglo XIX, el sacerdote Rocco Cocchia, representante del Vaticano en el país, ordenó al padre Billini remodelar la Catedral. En las excavaciones aparecieron varios cofres, y se determinó que uno de ellos contenía los restos de Colón, que al parecer seguían en el templo católico de la Primada de América.
Hoy, algunos científicos afirman que los despojos del navegante están en la catedral de Sevilla, España. El avance del ADN, la arqueología, la paleontología y la antropología ha reavivado el debate, convirtiendo este caso en un rompecabezas histórico con ramificaciones internacionales.










