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Nacional

Cruz Cruz: llegó, mandó y se fue

La Policía Nacional parece no encontrar todavía un jefe que pueda sentarse con calma en la silla de director. En los últimos seis años han pasado cinco directores generales por esa posición: Edward Sánchez González, Eduardo Alberto Then, Ramón Antonio Guzmán Peralta, Andrés Modesto Cruz Cruz y ahora Ernesto Rafael Rodríguez García.
Demasiados cambios para una institución que, precisamente, necesita tiempo, estabilidad y continuidad para completar la reforma que el Gobierno asegura estar impulsando.

Andrés Modesto Cruz Cruz llegó con una personalidad distinta.

El 17 de febrero de 2026, el presidente Luis Abinader lo designó mediante el Decreto 111-26 y dos días después asumió formalmente el mando de la institución.

El 20 de febrero, este redactor le envió una carta de felicitación por su designación. Parecía que comenzaba una etapa importante. Nadie pensaba entonces que seis meses después estaría fuera de la jefatura policial y colocado en honrosa situación de retiro.

Cruz Cruz es un hombre de carácter fuerte, recto, directo y poco amigo de los rodeos. No parecía el típico jefe que espera informes para enterarse de lo que ocurre. Quería saber las cosas de primera mano.
Se decía que llamaba personalmente a sus generales, incluso por videollamada, para preguntarles dónde estaban y qué estaban haciendo. Para algunos, eso era liderazgo; para otros, una manera demasiado directa de ejercer el mando.

En Navarrete se jugó el pellejo.

Durante la huelga de 48 horas apareció caminando con un fusil, en medio de una situación complicada y mientras circulaban versiones sobre disparos que, según esas versiones, no iban dirigidos contra la caravana policial.

La imagen habló por sí sola.

Cruz Cruz quería estar donde estaban sus policías.

Pero fue el día de su salida cuando apareció otra imagen que llamó especialmente la atención.

En un video difundido ese mismo día se observa al mayor general retirado Andrés Modesto Cruz Cruz llamándole la atención a la ministra de Interior y Policía, Faride Raful. La escena fue captada precisamente cuando terminaba su paso por la jefatura policial.

Después vino el silencio.

El cambio no llegó acompañado de explicaciones públicas sobre una evaluación negativa de su gestión. El decreto simplemente dispuso su salida y colocó en su lugar al general Ernesto Rafael Rodríguez García, quien fue ascendido a mayor general para asumir la Dirección General de la Policía Nacional. Cruz Cruz, por su parte, pasó a retiro.

Y hay otro detalle que no pasó inadvertido.

El Palacio de la Policía que recibió a Cruz Cruz con un acto formal no tuvo una ceremonia similar para despedirlo de la misma manera. El exdirector salió vestido de traje negro, camisa blanca y corbata negra, en una imagen poco habitual para la salida de un jefe policial.

Ahora llega Ernesto Rafael Rodríguez García.

Un oficial con experiencia en la institución, que ha ocupado posiciones de mando, estuvo al frente de la Digesett, fue director regional Cibao Central y, apenas meses antes de llegar a la jefatura, había sido designado inspector general de la Policía.

Es decir, Rodríguez García no llega desde fuera. Conoce la institución, sus mandos y sus problemas.

Pero, más allá de los cambios y de los decretos, queda algo que no puede ignorarse.

Durante la corta gestión de Cruz Cruz se contabilizaron 113 personas muertas en actuaciones policiales calificadas como intercambios de disparos o acciones legales.

Son 113 nombres. 113 familias. 113 historias.

Por eso, la cifra no puede quedarse en un número frío dentro de una estadística. Cada caso merece ser explicado y, cuando corresponda, investigado.

Y decirlo no constituye una condena anticipada contra los agentes ni contra la institución. Es, simplemente, una exigencia de transparencia cuando se trata de vidas humanas.

La Policía está en reforma.

Y una reforma verdadera no puede medirse solamente por nuevos equipos, edificios, uniformes, vehículos o tecnología.

También tiene que medirse por la confianza que genera en la gente.

Y para construir confianza hace falta algo que los cambios constantes de director parecen poner en duda: continuidad.

Desde 2020 hasta hoy, cinco hombres han pasado por la Dirección General de la Policía Nacional. Edward Sánchez González inició el período; luego llegaron Eduardo Alberto Then, Ramón Antonio Guzmán Peralta, Andrés Modesto Cruz Cruz y ahora Ernesto Rafael Rodríguez García.

Cada uno llegó con su propio estilo, sus prioridades y sus hombres de confianza.

Pero una reforma institucional no puede comenzar de nuevo cada vez que cambia el director.

Cruz Cruz se fue demasiado rápido para saber si su forma de dirigir la Policía iba a funcionar o no.

Seis meses no parecen suficientes para evaluar una gestión que pretendía enfrentar problemas acumulados durante años.

Y aquí es donde comienza la opinión y termina el simple relato de los hechos.

Su salida deja una inquietud que difícilmente desaparecerá con otro decreto:

¿Lo cambiaron porque su gestión no funcionaba o porque su manera de ejercer el mando incomodó a alguien?

No tengo la respuesta.

Quizás algún día la conozcamos.

Lo que sí sabemos es que la Policía vuelve a comenzar con otro director.

Y una reforma que necesita continuidad vuelve a tener que adaptarse a un nuevo jefe.

Mientras tanto, la ciudadanía vuelve a esperar.

Porque en la Policía Nacional el problema ya no es solamente quién llega.

También empieza a ser cuánto tiempo lo dejan quedarse.


Por Oscar Santana

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