Este evangelio de este fin de semana, siempre me ha impactado.
Saber que un Centurion romano tuviera más fe que los mismos seguidores de Jesucristo.
Es increíble.
Y pienso en el mundo de hoy y lo que estamos viviendo es igual.
Muchos católicos que ante varias leyes van a las Cámaras de Diputados y Senadores, aprueban leyes que no están acorde con la ley de la Santa Iglesia de las que muchos católicos dicen aceptar.
Este Centurion se reconocía que era extranjero, y que no era digno de entrar en la casa.
Cuanta humildad.
A veces nos creemos que somos “la gran cosa” para compartir con los mas necesitados, y sufrimos de esa soberbia que nos impide llegar allí demás.
El confío en Jesús del que había oído hablar y de que era capaz de curar las enfermedades, y creyó”.
Ojala nosotros aprendemos a creer en lo que vemos a pesar de no entender muchas veces lo que está sucediendo a nuestro alrededor.
Somos personas de poca fe, como pienso que le dolería al mismo Jesús al ver tanta gente incrédula.
El Centurion no se consideraba digno, porque por no ser del pueblo elegido.
Y pienso que eso le gusto mucho al Señor.
Esa oración que hacemos antes de comulgar Señor no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastara’ para sanarme.
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