La salida de Andrés Modesto Cruz Cruz de la Dirección de la Policía, a seis meses de asumir, revela tensiones internas que trascienden lo rutinario y ponen en duda la modernización del cuerpo, un tema clave para la estabilidad nacional e internacional.
La destitución de Andrés Modesto Cruz Cruz como director de la Policía Nacional, anunciada por el presidente Luis Abinader, no solo rompe con la tradición del escalafón, sino que deja al descubierto un entramado de poder dentro de la institución. Cruz Cruz, quien apenas cumplió seis meses en el cargo, no ofreció razones claras más allá de admitir ‘errores’, y exhortó a los policías a luchar por lo correcto, mientras su sucesor, Ernesto Rafael Rodríguez García, prometió liderazgo y disciplina.
El caso que marcó su gestión fue la muerte del joven Darlin Mercado Reyes, de 19 años, en Guajimía, Herrera, a manos de un agente durante labores de patrullaje. Este hecho, que provocó indignación nacional y la intervención del presidente Abinader, fue agravado por el señalamiento de la Comisión para la Reforma de la Policía: el agente homicida no era egresado del programa de entrenamiento para patrullaje, lo que evidencia fallas en la profesionalización del cuerpo.
Las especulaciones sobre las razones de la destitución apuntan a intrigas internas, relacionadas con la lucha de Cruz Cruz contra intereses creados y la violencia de agentes en servicio. Sin embargo, también se mencionan intereses políticos, lo que sugiere que la Policía dominicana sigue siendo un ‘coto cerrado’, con estructuras de poder capaces de obstruir la reforma y modernización que demanda el país y la comunidad internacional.
El eco de esta decisión resuena más allá de las fronteras, pues la reforma policial en República Dominicana es observada por organismos internacionales y por la diáspora, que sigue de cerca los avances en seguridad y gobernabilidad. La falta de transparencia en la destitución de Cruz Cruz podría afectar la confianza en las instituciones, un tema central en la agenda nacional y en la percepción de la estabilidad democrática del país.
Mientras el tiempo transcurre, el panorama sigue nublado. La voz de los que no tienen voz exige respuestas claras y una Policía que sirva a la ciudadanía, no a intereses oscuros. La reforma policial no puede esperar, y la destitución de Cruz Cruz es un recordatorio de que los desafíos estructurales persisten en el corazón del Estado dominicano.












