La denuncia de la ADP revela un déficit educativo que afecta la competitividad y la diáspora dominicana
La exclusión de 5,000 estudiantes en Santiago Oeste, denunciada por la ADP, no es un caso aislado: evidencia una tendencia nacional de postergación de la infraestructura educativa, con impacto en el desarrollo del país y en la calidad de vida de las comunidades, incluyendo a los dominicanos en el exterior.
Alrededor de 5,000 estudiantes permanecen fuera de las aulas en Santiago Oeste, según informó el presidente de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), José Alberto Brito. La denuncia, realizada durante una marcha pacífica de docentes, refleja un problema estructural que trasciende lo local y pone en entredicho los avances en la cobertura educativa dominicana.
Los centros afectados —Emma Balaguer, Rafaela Jiminián de Cruz, Cienfuego Abajo, doctora Teresa Peña Silverio y el liceo Carmelo Sandoval— son solo la punta del iceberg. En un país donde la educación es clave para la movilidad social y la competitividad internacional, la falta de aulas dignas y la sobrepoblación escolar son señales de alerta que los organismos internacionales, como la UNESCO y el BID, han señalado en sus informes sobre la calidad educativa en República Dominicana.
Brito explicó que solo la escuela Emma Balaguer tiene más de 1,000 estudiantes en la tanda diurna, lo que obliga a operar en jornadas vespertina, nocturna y de fines de semana. Esta situación, lejos de ser excepcional, se replica en otras provincias y afecta directamente la capacidad del país para formar talento humano, un factor determinante para atraer inversión extranjera y retener a la diáspora, que cada vez más ve limitadas sus oportunidades de retorno.
La comunidad internacional sigue de cerca el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), que garantiza una educación inclusiva y equitativa. La denuncia de la ADP llega en un momento en que el país busca posicionarse como hub logístico y tecnológico en el Caribe; sin una fuerza laboral calificada, ese objetivo se aleja. Los estudiantes fuera de las aulas en Santiago son un símbolo de la urgencia de una política educativa integral.
La marcha pacífica de los docentes de Santiago es un llamado a la acción para el Gobierno central. Mientras no se resuelvan estos problemas, la República Dominicana seguirá viendo cómo su juventud pierde oportunidades, y la diáspora, que envía remesas y aporta al desarrollo, observa con preocupación cómo la educación en su país no avanza al ritmo de las demandas del siglo XXI.











