Desde hace un buen tiempo, la palabra empoderamiento ha tomado un protagonismo que jamás imaginamos.
Y más que eso, se ha convertido como en un sinónimo de mujer fuerte.
Rara vez se le pide a un hombre que se empodere.
Pero eso no está en discusión.
El tema se trae a este artículo por las cosas que se están sacrificando detrás de este concepto.
Lastimosamente, hasta los sentimientos están siendo debilitados por el poder de esta tendencia.
No se vale llorar, no se aceptan lamentos, ¡cuidado con desvanecerte!… En fin, hasta el duelo debemos vivirlo como si nada estuviera pasando.
Y, toma más fuerza que nunca la famosa frase: “En show debe continuar”.
Cuando se habla de empoderamiento la palabra tristeza no juega ningún papel.
Claro, no es que la risa tenga mucha preponderancia.
El modelo parece indicar que hay que andar seria, sin darle cabida a nada que haga flaquear.
Las señales que deben enviarse es que, si ya decidiste ser una persona empoderada, debes ajustarte a este esquema.
La fortaleza es la principal herramienta.
Nada de debilidad.
Debes someterte a un FODA para que actúes en consecuencia de sus resultados.
De lo contrario, no entras en esa modalidad que nada quiere saber de fragilidad.
Viendo algunos casos en los que en realidad, el empoderamiento sí está haciendo estragos en los sentimientos, realicé un viaje a una ciudad fabulosa donde la gente, primero, no confunde empoderarse con engrandecerse, y segundo, no negocia lo que le da sentido a la vida, que son las emociones.
Allí no le abren espacio a la dureza que hoy prevalece en las actitudes de quienes no se permiten dejar que afloren sus sentimientos.
En este lugar se vive sin poses, sin necesidad de reconocimiento ni ambición de conocimiento.
A nadie le interesa ser refernte de poderío.
Lo único que cada quien busca es disfrutar de la sencillez de la vida, y aligerar su carga para cuando le toque irse a los brazos del Señor, hacerlo confiado en que la única grandeza la tiene Dios.
En esta ciudad fabulosa que hoy visito, se honra a quien muestra su dolor a través de las lágrimas, y a quien se cae y deja ver sus heridas para que alguien se las cure.
Aquí se pide ayuda cuando se hace necesario.
No hay personas con superpoderes, y mucho menos “robots” recibiendo órdenes de los llamados referentes e influenciadores para repetir patrones carentes de emociones.
Me dio tanta tristeza tener que abandonar ese lugar que preserva el sentido humano para venir a una realidad donde el empoderamiento está comprometiendo hasta a los propios sentimientos.
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