Análisis sostiene que el PLD quedará reducido a una fuerza sin capacidad de arbitraje electoral en el nuevo orden político dominicano
Un análisis político plantea que la República Dominicana encara una reconfiguración silenciosa pero profunda: el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) pasaría de ser un actor dominante a una fuerza irrelevante, mientras el PRM y la Fuerza del Pueblo (FP) se repartirían el poder. La tesis, titulada ‘PRM y FP: Se tendrán que comer ripiao al PLD’, advierte que el PLD podría quedar por debajo del 5% y sin rol en una eventual segunda vuelta.
La política dominicana se encamina hacia un reordenamiento en el que no solo se definirá quién gana las elecciones de 2028, sino quién sobrevive como partido importante dentro del sistema. Según el análisis, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) será reducido a una condición de irrelevancia, incluso con Gonzalo Castillo como candidato, porque el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la Fuerza del Pueblo (FP) terminarán absorbiéndolo progresivamente. Ambos partidos tienen suficiente trabajo para crecer con los nuevos electores, pero el problema radica en reducir al contrario para que su posición futura no sea importante.
El PLD ha entrado en un punto de inflexión al descender a un 10% de preferencia electoral en los comicios de 2024, una cifra impensable para un partido que durante dos décadas dominó la vida política nacional. Para volver a ser una opción real de poder tendría que multiplicar por cuatro ese porcentaje (10 x 4). No obstante, datos de encuestas indican que muchos jóvenes y adultos no creen ni se sienten representados por los partidos políticos, lo que dificultaría esa multiplicación, especialmente con un candidato cuestionado, con razón o sin ella. Hasta ahora el PLD no ha hecho nada importante para crecer.
El partido también enfrenta la dificultad de un PRM en el gobierno y la fortaleza de Leonel Fernández, debido a que no existe otra figura en la oposición con un peso político comparable. La rapidez de las redes sociales refleja a una generación que no cree en los partidos y que otorga menos credibilidad a los aspirantes mientras más tiempo hayan estado en la política. El peor candidato que puede elegir un partido es el que ha sido cuestionado por la justicia. Aunque el PLD no desaparezca inmediatamente, sufrirá una transformación estructural: será un partido que participa, pero que no decide nada electoralmente.
Los indicadores sociopolíticos observados permiten anticipar un escenario crítico en el que el PLD quede por debajo del 5%, fuera de cualquier rol determinante para una eventual segunda vuelta. No solo se tratará de perder votos, sino de perder capacidad de arbitraje, de ser la bisagra que abra o cierre la puerta del triunfo electoral. En este reordenamiento, el PRM tiene un papel decisivo desde el poder. Su lógica es clara: consolidar control institucional, ampliar alianzas y absorber liderazgos territoriales: alcaldes, regidores, directores distritales, dirigentes medios y operadores locales, para que migren hacia donde existe acceso.











