Mientras el 20% de los jóvenes ni estudia ni trabaja, los politécnicos se perfilan como salida
La brecha entre graduados y empleo calificado persiste en el país. La experiencia de Finlandia, con solo 40% de estudiantes en vía vocacional y bajo desempleo juvenil, marca el camino hacia una escuela que produzca.
Armando se graduó con honores en la universidad. Entregó 20 currículos. Esperó la llamada que nunca llegó. Sin dudarlo, fue a un taller de ebanistería. Allí encontró una oportunidad para prepararse para la vida. Si no lo hacía rápido, sentía que su futuro se oxidaba.
La escuela ha cumplido con enseñar a leer y escribir, y en algunos casos a construir pensamientos. Pero aún no logra lo más fundamental: enseñar para la vida. Cada año se gradúan miles de jóvenes, mientras los sectores productivos se quejan de no encontrar mano de obra calificada. Esa brecha genera desafíos, pero también oportunidades.
El sistema educativo requiere un modelo transformador y humano. El joven necesita un impulso desde las aulas para incorporarse al mundo laboral. Pasar de una escuela que instruye a una escuela que produce. De una escuela que bombardea información a una escuela politécnica, donde el taller tenga el mismo valor que la pizarra.
El pedagogo finlandés Pasi Sahlberg, impulsor del modelo de Finlandia, afirma: “El propósito de la educación no es solo preparar para la universidad, sino preparar para la vida, para contribuir a la sociedad”. Finlandia tiene el índice más bajo de desempleo juvenil de Europa y el 40 % de sus estudiantes de secundaria elige la vía vocacional. No es una segunda opción, sino sembrar bienestar. Los politécnicos son las factorías del futuro: institución y empresa se benefician mutuamente con alianzas estratégicas, docentes capacitados en la industria que pasan sus saberes a los alumnos. Los jóvenes salen con competencias para enfrentar la vida, lo que alivia a la familia y quita presión al Estado. Solo el 20 % de los jóvenes del país ni estudia ni trabaja (1).









