Si hubiera que escoger el verbo que mejor retrata una parte de la política dominicana de los últimos años, recular tendría buenas posibilidades de ganar.
Y no solo por los congresistas.
También el Poder Ejecutivo ha tenido que conjugarlo en decisiones que, tras ser anunciadas con firmeza, terminaron modificándose o retirándose ante la presión política , social o técnica.
Ahora el turno vuelve a ser del Congreso , con el Código Penal.
Después de años de debates , estudios, comisiones y versiones distintas, parecía que el país se acercaba al desenlace.
Sin embargo, apenas aprobado el proyecto , ya comenzaron las propuestas para corregir artículos , reabrir discusiones y replantear decisiones que minutos antes parecían definitivas.
Rectificar no debería verse como un pecado.
En democracia , escuchar y corregir también es gobernar.
Pero cuando el movimiento hacia atrás se vuelve casi una constante, la percepción cambia.
La ciudadanía empieza a preguntarse si las decisiones realmente llegan maduras al momento de votarse o si se aprueban para volver a discutirse después.
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