El resultado de la elección presidencial de Perú era aún incierto este lunes, con la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez en empate técnico para convertirse en el noveno mandatario del país en una década.
Con más del 92% de las actas escrutadas, Fujimori reunía el 50.2% de los votos, frente a un 49.8% de Sánchez.
Esa ventaja de menos de un punto corre riesgo de evaporarse a medida que sigan llegando los votos de las zonas rurales, donde Sánchez ha dominado.
Para declarar un ganador deberán además ser revisadas actas impugnadas que contienen unos 400,000 votos , lo que puede llevar días.
Ondeando banderas de sus partidos, miles de seguidores se congregaron el domingo en dos sectores de la capital peruana para celebrar por adelantado a sus candidatos.
«Nos encontramos en un empate técnico , hasta el momento no hay ningún ganador.
Serán días largos», afirmó Fujimori ante sus seguidores , a quienes pidió paciencia.
Entre cantos de «¡Sí se pudo!», Sánchez dijo reconocer que hay un » empate «.
«Que prosiga el conteo en los estándares de una elección transparente», expresó en una plaza llena de seguidores.
En su cuarto intento de llegar a la presidencia, la hija del expresidente autócrata Alberto Fujimori (1990-2000) enfrentó a Sánchez , heredero político del exmandatario Pedro Castillo , preso por un fallido autogolpe de Estado de 2022.
Muchos votantes dijeron esperar que las elecciones pongan fin a la criminalidad que azota al país y la turbulencia política que dejó a Perú con ocho presidentes desde 2016.
Administradora de 51 años , Fujimori apeló al legado ambivalente de su padre, quien estabilizó la economía y derrotó a la insurgencia, pero fue acusado de crímenes de lesa humanidad.
«Estoy alegre porque sé que va a hacer un buen gobierno.
¿Por qué? Porque ella quiere limpiar la imagen de su padre», aseguró Gladys Silva , ama de casa de 56 años, en la concentración en Lima.
Sánchez , congresista y exministro de 57 años, reivindicó al expresidente Castillo.
Como lealtad, lleva el sombrero campesino que le regaló, prometió indultarlo, y lo visitó el domingo en la cárcel.
«Queremos un cambio porque estamos cansados de la corrupción , del fujimorismo que maneja al país como su chacra (hacienda)», dijo Marlene Veramendi, de 46 años, en el otro festejo.
La votación , a la que estuvieron llamados 27 millones de electores, transcurrió sin incidentes a diferencia de la caótica primera ronda de abril.
Keiko, como la llaman, prometió » orden » y prosperidad , y advirtió del peligro del » comunismo «.
Sánchez moderó su discurso de » cambio radical», se distanció de los ultranacionalistas, y dijo a AFP que quiere una relación «respetuosa» con Washington.
El izquierdista acusa a Fujimori de ser parte de la » dictadura » del poderoso Congreso -donde ella tiene influencia- que derriba presidentes.
Sin afectar el balotaje, un juez lo envió a juicio por presuntas anomalías financieras en su partido.
Si gana tendría inmunidad , pero quedaría vulnerable ante un parlamento inclinado a la derecha.
«El ganador tendrá a la mitad del país en contra y una débil legitimidad » por lo que, sin mayoría legislativa, deberá «construir una coalición para gobernar», dijo a AFP el politólogo Paulo Vilca.
El vencedor sustituirá, a partir del 28 de julio , al presidente interino José María Balcázar para un mandato de cinco años.
Pese al hartazgo político, la mayor preocupación de los peruanos es la inseguridad.
Han proliferado las bandas criminales y las denuncias de extorsión aumentaron nueve veces en cinco años.
Fujimori receta mano dura : militarizar cárceles y zonas conflictivas, y expulsar migrantes para acabar con la criminalidad con la «misma fuerza» con que su padre venció a la insurgencia en los años 1990.
Sánchez propuso encarar la corrupción en la policía y la justicia , ante lo que denuncia como una complicidad de las élites políticas con los criminales.
Su base social está en el campo empobrecido , donde la inseguridad es menor.
Fujimori la tiene en Lima , donde la tasa de homicidios se triplicó entre 2020 y 2025, hasta los 23 por cada 100,000 habitantes.
El ganador recibirá un Perú económicamente estable, con crecimiento del PIB de 3,4%.
Pero siete de cada diez trabajadores están en la economía informal.
Fujimori aboga por el neoliberalismo , la propiedad privada y la atracción de inversiones , y Sánchez ofreció alzas salariales y una economía más estatal.
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