El crimen del dueño de Arroz Sonora revela fallas en la seguridad y el sicariato en Colombia
Las autoridades de Colombia concluyeron que el asesinato del empresario Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su escolta fue un error del sicario, quien los confundió con otro objetivo. El caso ha generado conmoción en el sector agropecuario y en la opinión pública.
La Fiscalía de Colombia divulgó este jueves las primeras conclusiones sobre el asesinato del empresario Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su guardaespaldas, Luis Gabriel Gutiérrez, ocurrido el 11 de febrero en el barrio La Cabrera, en Bogotá. Según el ente acusador, el crimen fue un error del sicario, quien confundió a la víctima con otra persona. «Los elementos materiales probatorios recopilados indican que el homicidio estaría dirigido a otro ciudadano; sin embargo, en el momento de su ejecución se ejecutó contra la víctima equivocada», señaló la Fiscalía en un comunicado.
En el marco de la investigación, la Fiscalía presentó ante un juez de control de garantías a Leonel Llanos Paternina, capturado el miércoles en Villavicencio, capital del departamento del Meta. Llanos Paternina es señalado como la persona que hizo seguimiento a la víctima y conducía la motocicleta en la que huyó el pistolero, que no ha sido identificado. Otro hombre que participó en el crimen y que supuestamente facilitó la huida del sicario fue asesinado el pasado 30 de mayo, agregó la Fiscalía.
El abogado de la familia de la víctima, el exfiscal Mario Iguarán, confirmó las conclusiones de la Fiscalía. «Si bien aún no se ha identificado la persona o el sujeto que disparó contra Gustavo Andrés y su escolta, debe decirse que dentro de la investigación está plenamente acreditado, por prueba testimonial, documental y técnica, que se trató de un lamentable error», manifestó Iguarán en un video. Agregó que el sicario «pretendía era asesinar al señor Olimpo Antonio Oliver Peñaranda», quien al parecer tenía algún parecido físico con el empresario arrocero.
Aponte Fonnegra, propietario de la marca Arroz Sonora, era muy conocido en el sector agropecuario colombiano, participaba de forma activa en iniciativas vinculadas al desarrollo del campo y no tenía enemigos ni había recibido amenazas, según sus familiares. Además de su actividad empresarial, era triatleta y directivo de una fundación de ayuda social para niños pobres. El crimen causó conmoción en Colombia y pone de relieve la problemática del sicariato en la región.











