El rapto de James Boyard revela cómo las bandas han sustituido al Estado en amplias zonas del país
El secuestro de James Boyard, Director de Gabinete del Ministerio de Defensa de Haití e Inspector General de la PNH, en Bourdon, Puerto Príncipe, no es un incidente aislado: es la evidencia de que las bandas han llenado el vacío de gobernanza y hoy controlan entre el 85 % y más del 90 % de la capital, con expansión a Artibonite y Centre.
El secuestro de James Boyard, Director de Gabinete del Ministerio de Defensa de Haití, Inspector General de la Policía Nacional Haitiana (PNH) y académico especializado en seguridad, ocurrido en Bourdon, uno de los pocos sectores relativamente seguros de Puerto Príncipe, según Associated Press, constituye una derrota simbólica para todo el aparato de seguridad haitiano. La pregunta estratégica no es quién lo secuestró, sino cómo un hombre que conocía las capacidades, debilidades, redes de inteligencia, estructuras policiales y amenazas criminales del país pudo ser un objetivo exitoso.
La respuesta obliga a revisar décadas de errores de diagnóstico sobre la naturaleza real de las bandas haitianas. Informes de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH), de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR), del International Crisis Group y reportajes de Associated Press han señalado durante años que muchas de estas estructuras evolucionaron hacia organizaciones híbridas que combinan control territorial, coerción armada, actividades criminales, influencia política, redes económicas y gobernanza informal.
En sectores como Cité Soleil, Martissant, Bel-Air, La Saline y Village de Dieu, las bandas ejercen funciones normalmente reservadas al Estado: cobran impuestos de facto, regulan el comercio local, controlan accesos, administran conflictos, imponen reglas de movilidad y proveen protección armada. Cuando una organización realiza funciones soberanas, deja de ser simplemente una banda: se convierte en un actor de poder. Ese fue el error de diagnóstico de la mayoría de las estrategias de seguridad implementadas durante los últimos veinte años.
James Boyard ya advertía en entrevistas y análisis desde 2021 que ciertos actores políticos y económicos habían contribuido al fortalecimiento de grupos armados que posteriormente escaparon de control. Existe una narrativa frecuente que afirma que las bandas crecieron porque el Estado colapsó. La evidencia de reportes oficiales apunta a algo distinto: las bandas crecieron porque durante décadas el Estado nunca estuvo realmente presente en numerosos territorios urbanos. La ausencia de tribunales funcionales, presencia policial permanente, servicios básicos, infraestructura, empleo formal y representación política efectiva creó espacios donde inevitablemente surgieron autoridades paralelas. Desde una perspectiva de inteligencia social, las bandas llenaron una necesidad de gobernanza antes de convertirse en organizaciones depredadoras. Primero ofrecieron protección, luego ejercieron control y finalmente establecieron dominación territorial. Reportes de BINUH y OHCHR documentan cómo Viv Ansanm controla entre el 85 % y más del 90 % de Puerto Príncipe y se expande hacia departamentos como Artibonite y Centre. La respuesta haitiana ha sido predominantemente reactiva.











