El Cacique | Su enfrentamiento con Hipólito Mejía por la reelección presidencial provocó una de las rupturas más traumáticas en la historia del Partido Revolucionario Dominicano Hatuey de Camps Fuente externa Creado: 05.06.2026 | 11:57 Actualizado: 05.06.2026 | 11:57 La trayectoria política de Hatuey De Camps después de su salida del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) constituye uno de los episodios más significativos de las luchas internas del sistema de partidos dominicano de finales del siglo XX e inicios del XXI.
Su ruptura con el PRD no obedeció únicamente a diferencias personales con el expresidente Hipólito Mejía, sino a un conflicto de principios, liderazgo, institucionalidad partidaria y visión sobre el ejercicio del poder.
La principal causa de la confrontación entre Hatuey De Camps y el sector que respaldaba al entonces presidente Hipólito Mejía fue la reforma constitucional de 2002 que permitió la repostulación presidencial.
De Camps representaba la corriente histórica del PRD que se identificaba con el pensamiento de José Francisco Peña Gómez, quien había combatido tradicionalmente el continuismo y la concentración de poder.
Para Hatuey, la reelección de Mejía constituía una traición a los principios históricos del partido y una repetición de prácticas que el PRD había criticado durante décadas.
Mientras el denominado Proyecto Presidencial Hipólito (PPH) utilizaba su amplia mayoría dentro de los organismos partidarios para imponer la candidatura reeleccionista, Hatuey encabezó el movimiento «anti-reeleccionista», convirtiéndose en el principal opositor interno del presidente.
El sector de Hipólito logró convocar organismos partidarios que reconocieron su candidatura presidencial y, posteriormente, destituyeron a Hatuey de la presidencia del PRD.
La Junta Central Electoral validó esas decisiones y la Suprema Corte de Justicia declaró inadmisibles los recursos sometidos por De Camps.
Desde la perspectiva de Hatuey, aquellas decisiones representaban una toma del partido por parte del aparato gubernamental.
Desde la visión del sector reeleccionista, se trataba de aplicar la voluntad mayoritaria de los organismos internos.
En 2004 fue aprobada por la Comisión Política del PRD la expulsión por «alta traición», junto a otros dirigentes que habían combatido la repostulación presidencial.
El tiempo le dio la razón al aguerrido dirigente, cuando el gobierno de Mejía enfrentó una severa crisis económica derivada del colapso bancario de 2003 y sufrió una derrota histórica frente a Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en las elecciones de 2004.
Cuando Hatuey habló del «castigo a la reelección», interpretaba que la sociedad dominicana había sancionado tanto la gestión gubernamental como la división interna del PRD.
Creación del PRSD Tras comprobar que la reconciliación con la dirección perredeísta era prácticamente imposible, Hatuey tomó una decisión histórica.
El 21 de enero de 2005 fundó el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD).
Entre los objetivos que planteó al momento de dar a conocer el nacimiento del PRSD destacó la preservación de la tradición ideológica que De Camps afirmaba representar dentro del antiguo PRD, además de construir una alternativa socialdemócrata moderna.
Sostenía que se mantendrían vigentes los ideales vinculados a Peña Gómez y a la Internacional Socialista.
Sin embargo, desde su nacimiento el nuevo partido enfrentó una limitación estructural: la política dominicana se encontraba dominada por tres grandes organizaciones con maquinaria nacional consolidada como el PRD, el PLD y posteriormente el PRM.
El liderazgo personal de Hatuey era ampliamente reconocido, pero no contaba con una estructura electoral comparable a la de esos partidos.
Durante los 11 años de existencia del PRSD bajo su conducción, su principal desafío fue transformar prestigio político en fuerza electoral.
Su figura era respetada por amplios sectores de la sociedad por su coherencia ideológica, capacidad discursiva y actitud combativa frente al poder.
Sin embargo, el reconocimiento público no se tradujo en una base electoral suficiente para competir exitosamente por la Presidencia.
Su principal obstáculo fue el fenómeno del voto útil.
Muchos ciudadanos simpatizaban con sus planteamientos, pero terminaban votando por candidatos con mayores posibilidades de triunfo.
Consciente de las limitaciones de un partido emergente, Hatuey desarrolló una estrategia de alianzas, por lo que a lo largo de su carrera estableció acuerdos con distintos sectores políticos según las circunstancias electorales y las coyunturas nacionales.
En las elecciones de 2016 decidió presentar su propia candidatura presidencial bajo la bandera del PRSD, procurando consolidar un espacio político autónomo, pero el hecho de que emergiera como líder nacional en una época donde el sistema político dominicano estaba dominado por estructuras partidarias muy fuertes fue un obstáculo para sus propósitos.
Durante gran parte de su trayectoria, la competencia estuvo concentrada entre el PRD y el PLD, y posteriormente entre el PLD y el PRM.
Legado político Cuando falleció el 26 de agosto de 2016, tras una batalla contra el cáncer, Hatuey dejó una imagen singular dentro de la política dominicana.
Fue uno de los pocos dirigentes que sacrificó posiciones de poder por una convicción política.
Renunció a la comodidad de mantenerse dentro del principal partido opositor de la época para defender su oposición a la reelección de Hipólito Mejía.
Aunque nunca alcanzó la Presidencia de la República su influencia trascendió los resultados electorales.
Su legado quedó asociado a la defensa de la institucionalidad partidaria, la democracia interna, la socialdemocracia y la coherencia política.
En términos históricos, Hatuey De Camps puede ser considerado uno de los últimos grandes líderes formados en la tradición política de Peña Gómez, que entendía la política como una lucha por principios.
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