El estudio, publicado en Stem Cell Research & Therapy, sugiere una alternativa a las píldoras hormonales crónicas
Un equipo de la Universidad de Nagoya logró trasplantar organoides pituitarios humanos a un mono macaco, marcando un precedente en medicina regenerativa que podría transformar el tratamiento de trastornos hormonales a nivel global.
La investigación, publicada este viernes en la revista Stem Cell Research & Therapy, representa la primera vez que células generadas a partir de células madre humanas sobreviven y funcionan con normalidad en un primate. El equipo, liderado por científicos de la Universidad de Nagoya en Japón, cultivó organoides productores de ACTH, la hormona que regula el cortisol y la respuesta al estrés.
Los organoides fueron trasplantados primero en ratones sin glándula pituitaria, donde produjeron ACTH durante más de seis meses y prolongaron la vida de los animales sin signos de tumores. Luego se implantaron en un mono macaco con la glándula extirpada, usando fármacos inmunosupresores para evitar el rechazo. El tejido funcionó durante seis semanas, elevando los niveles de ACTH y cortisol y reduciendo la pérdida de peso asociada a la deficiencia hormonal.
A los tres meses, las muestras aún mostraban células trasplantadas supervivientes, aunque el fuerte rechazo inmunitario entre especies limitó la eficacia. Los investigadores examinaron pulmones e hígado en busca de tejido disperso y no encontraron ninguno, disipando un riesgo común en terapias celulares. ‘Probamos este método en un solo primate y estamos planeando estudios adicionales para mejorar la duración del tejido y probar métodos inmunosupresores más seguros’, explicó el primer autor Tatsuma Kondo.
Actualmente, los pacientes con daño o extirpación de la glándula pituitaria dependen de por vida de píldoras hormonales que no responden a las demandas cambiantes del cuerpo, lo que aumenta el riesgo de muerte súbita. Este avance abre una posible vía para restaurar la producción natural de hormonas, con implicaciones para millones de personas en todo el mundo. La comunidad científica internacional sigue de cerca los próximos pasos del equipo japonés.












