La concentración de recursos alimenta la desigualdad, la fuga de cerebros y la pérdida de confianza en las instituciones
El Presupuesto General del Estado es clave para el desarrollo, pero su distribución inequitativa genera estancamiento económico, pobreza y protestas ciudadanas, advierte un análisis de Pablo Del Rosario difundido este 15 de septiembre de 2026. La falta de equidad también impulsa la migración de talento y debilita la legitimidad institucional.
El Presupuesto General del Estado (PGE) es el instrumento más apropiado con que cuenta el Gobierno para promover y controlar el desarrollo del país. Su distribución y ejecución debe responder a requerimientos esenciales, por lo que se aconseja prestarle atención especial a la necesidad de que prevalezca el criterio racional y equitativo en el uso de tan importante herramienta.
Las instituciones oficiales que tienen a su cargo la ejecución del PGE están en el deber de atender aspectos básicos que por su naturaleza van desde alimentación, salud, educación, vivienda, agua potable, comunicación vial, seguridad ciudadana y muchas otras que norman la vida cotidiana de la población. Dada la importancia de lo consignado, es imperativo que cada institución ejecute su presupuesto basada en el criterio de equidad, a fin de evitar estancamiento económico y persistencia de la pobreza que debilitan el capital humano.
La concentración de recursos en determinadas zonas mientras otras permanecen rezagadas provoca el éxodo de poblaciones rurales hacia las provincias principales y los centros económicos más activos de la nación. Esa realidad tiene un impacto funesto cuya consecuencia se manifiesta en protestas e inconformidad ciudadana, motivadas por males como aumento del desempleo y la delincuencia, crisis del transporte público individual y colectivo, alto costo de la vida, servicio de salud deficiente, educación pública insuficiente e ineficaz, y agudización de las desigualdades.
De perpetuarse la situación descrita, los ciudadanos perderán la confianza en las instituciones debido a que el Estado no distribuye los recursos de manera justa. Disminuyendo así la legitimidad de las instituciones oficiales, se promueve también la fuga de cerebros altamente capacitados hacia países o regiones con mayores oportunidades. Si la iniquidad presupuestaria permanece, además de todos los males presentes, se producirá el freno al desarrollo nacional en el corto, mediano y largo plazo, debido a que se profundizarán las desigualdades.












