Infraestructura no basta: expertos y ciudadanos debaten el rol de la conducta cívica en el desarrollo urbano
Santo Domingo Este, con el Faro a Colón, Los Tres Ojos y el Cachón de la Rubia, posee recursos para ser un destino caribeño de primer nivel. Un recorrido por sus espacios revela que el verdadero cambio requiere una nueva cultura ciudadana.
Santo Domingo Este tiene casi todo para ser una de las ciudades más extraordinarias del Caribe: mar Caribe, río Ozama, parques, monumentos, cuevas, manantiales, historia, cultura y gente trabajadora. El Faro a Colón, Los Tres Ojos, el Parque Mirador del Este, el Acuario Nacional, el Cachón de la Rubia y la Avenida España son activos de enorme valor turístico, histórico y ambiental. Pero un problema persiste: ninguna obra pública puede resolver por sí sola la falta de conciencia ciudadana.
Un hombre recorrió la ciudad. Frente al Faro a Colón reflexionó sobre la historia que representa; en Los Tres Ojos pensó en los pueblos originarios; en el Parque Mirador del Este y la Avenida España imaginó una costa llena de visitantes, restaurantes, pequeños negocios, jóvenes emprendedores y familias. Pero encontró una botella plástica abandonada. La recogió y se preguntó: «¿Cómo podemos aspirar a convertir nuestra ciudad en un gran destino turístico si nosotros mismos no aprendemos a cuidarla?». Entonces comprendió: la infraestructura transforma el espacio; la conducta transforma la sociedad.
El Ayuntamiento puede limpiar una calle, pero si el ciudadano vuelve a ensuciarla, el problema permanece. Puede construir un parque, pero si la comunidad no lo protege, se deteriorará. Puede recuperar un monumento, pero sin sentido de pertenencia, volverá a perderse. La transformación verdadera debe comenzar dentro de cada ciudadano. En el Cachón de la Rubia, el recorrido mostró naturaleza, agua, árboles y biodiversidad, recursos que muchas ciudades quisieran poseer.
La respuesta a qué falta es sencilla: convertir las riquezas en conciencia, oportunidades y orgullo de pertenencia. Se imaginó una ciudad donde una madre enseñe a su hijo a no lanzar basura, un comerciante respete la acera, los jóvenes cuiden los parques, los vecinos participen en decisiones comunitarias, los residuos se separen y los espacios públicos sean patrimonio de todos. Los avances de la gestión municipal —obras comunitarias, recuperación de espacios, planificación, participación ciudadana, manejo de residuos, promoción cultural, deportiva y turística— pueden generar una nueva cultura cívica. El objetivo no es solo construir una ciudad bonita.









