La diplomacia consiste en saber escuchar antes de responder, comprender antes de juzgar y construir puentes donde otros levantan barreras.
Pexels La diplomacia no pertenece únicamente a las grandes mesas de negociación ni a los escenarios políticos como hemos venido describiendo en artículos anteriores.
Esta se aplica y se practica en la vida cotidiana, en la forma en que nos relacionamos, resolvemos diferencias y construimos amistades duraderas; por eso debemos poner en práctica todas las reglas de buenas maneras y relaciones humanas y convertirlas en una segunda naturaleza.
Esto no quiere decir que nos dejemos faltar el respeto, con elegancia podemos exigirlo sin ni siquiera levantar la voz y enfrascarnos en grandes discusiones.
No discuta a menos que sea necesario defender su espacio cualquiera que sea el escenario.
Quienes comparten la pasión por la equitación conocen muy bien este principio.
Más allá de ser un deporte asociado a la elegancia, la disciplina y la tradición de familias , la equitación enseña valores que trascienden la pista: respeto, autocontrol, paciencia, disciplina y humildad.
La disciplina nos da la seguridad que necesitamos para dirigir nuestro caballo.
Esa misma seguridad debemos emplearla en todos lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.
Entre amigos que disfrutan de este apasionante deporte, la verdadera grandeza no está en el caballo más costoso ni en el equipo más exclusivo, sino en la calidad humana con la que se tratan.
La cortesía, la palabra oportuna, el respeto por las opiniones ajenas y la capacidad de resolver cualquier diferencia con serenidad son las riendas que conducen a una amistad sólida fuera de la competencia en la pista y fuera del ego de querer ser el mejor de todos los equipos aunque lo seas.
El caballo debe saber quién es que manda al igual que todas las demás vestías; así como un jinete debe inspirar confianza a su caballo para avanzar en armonía, también las relaciones humanas requieren confianza, comunicación y equilibrio para mantenerse en el tiempo.
La diplomacia consiste en saber escuchar antes de responder, comprender antes de juzgar y construir puentes donde otros levantan barreras.
Muchas veces es un poco difícil por los diferentes caracteres, formación y grado educacional, pero con paciencia, inteligencia y carácter firme, se puede lograr.
El lujo de la equitación no se mide únicamente por la nobleza del caballo, belleza, costo del caballo o la belleza de un club ecuestre.
Su mayor lujo es formar parte de una comunidad donde prevalecen el respeto mutuo, la caballerosidad, la educación y la elegancia en la conducción en todo el sentido de la palabra.
Es ahí donde este deporte revela su verdadera esencia.
La elegancia y rigurosidad en el vestuario en los diferentes renglones de la práctica de la equitación es un código de respeto hacia el deporte, uno mismo y todos los que comparten ese elegante exclusivo disciplina o actividad física.
Muchos la desarrollan como un pasatiempo, parte de las actividades que asumimos para socializar en grupos o amigos específicos.
En un mundo donde las diferencias, opiniones muchas veces abrumadoras, creadas por intereses muchas veces personales no comunitarios o grupales, suelen convertirse en conflictos desagradables, que llevan muchas veces al desacato emocional.
Practicar la diplomacia, el estoicismo en estos casos, que debemos convertirlo en parte de nuestra vida cotidiana, es una muestra de inteligencia, madurez y carácter.
La elegancia más admirable no es la que se viste, sino la que se demuestra en cada gesto, en cada palabra y en cada decisión tomada.
Que la equitación nos recuerde siempre que dominar un caballo es un arte, pero dominar el ego, actuar con prudencia y conservar la nobleza del corazón sin llenarnos de resentimientos y odios absurdos, es una virtud mucho más valiosa.
Nos engrandece y nos eleva a otros escenarios.
El estoicismo del Emperador Romano Marco Aurelio nos enseña que la verdadera fuerza está el control del pensamiento y en buscar la paz interior, lógicamente acompañado de la inteligencia, para saber cuándo callar estratégicamente y cuando hablar de inmediato para apaciguar opiniones adversas que van en contra de la narrativa que nos perjudica directamente.
Al final, las mejores victorias no se celebran con trofeos, ni aplausos, sino con el respeto y la admiración de quienes cabalgan a nuestro lado.
Esto se aplica para todas las disciplinas y actividades grupales.
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