Análisis. La economía dominicana crece, pero la pregunta que se repite en los hogares es otra: ¿por qué el dinero alcanza menos? Las cifras oficiales no describen una economía en contracción generalizada. Describen una economía que crece y crea empleo, pero que convive con una inflación de 5.13 %, una gasolina premium a RD$353.10, una informalidad laboral del 53.8 % y un crecimiento del producto interno bruto de 4.5 % entre enero y julio. Cuatro cifras que, juntas, cuentan una historia de contrastes.
Miles de empresas inactivas: la otra cara del crecimiento
La situación del comercio constituye otro de los aspectos que merecen especial atención. Detrás de las estadísticas empresariales existen negocios familiares, inversiones, empleos y proyectos que dependen de la capacidad de consumo de la población.
El Directorio y Demografía Empresarial Formal 2025, publicado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), registró 32,942 empresas en estado de cese, de las cuales 10,987 pertenecían al comercio. Los establecimientos de uno a diez trabajadores presentaron una tasa de cese del 30 %, mientras que el sector de alojamiento y servicios de comidas registró una tasa del 37.3 %.
Estos números requieren una interpretación cuidadosa. La ONE considera en estado de cese a las empresas que acumulan entre 24 y 59 meses sin reportar actividad. Por tanto, no significa que las 32,942 empresas hayan cerrado durante 2025.
El registro también muestra que los pequeños negocios son particularmente vulnerables. Su menor capacidad financiera puede dificultarles afrontar aumentos en los alquileres, la energía, los inventarios y el financiamiento.
Sin embargo, el panorama empresarial también presenta señales de expansión. Los registros de la ONE contabilizaron 127,281 empresas formales en 2025, un crecimiento interanual del 5.8 %.
Ambos fenómenos pueden coexistir: mientras unas empresas abren y generan empleos, otras dejan de operar. Para determinar si la situación comercial se ha deteriorado durante 2026, resulta indispensable comparar aperturas, cierres definitivos, ventas y empleo en períodos equivalentes.
Más empleo, pero la informalidad continúa siendo un desafío nacional
El mercado laboral dominicano presenta avances cuantitativos y desafíos estructurales. De acuerdo con la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo del Banco Central, durante el segundo trimestre de 2026 la población ocupada alcanzó 5,271,005 personas, con 147,456 nuevos ocupados netos respecto al mismo período de 2025.
La tasa de desocupación abierta se situó en 5.3 %. Sin embargo, el 53.8 % de los trabajadores permanecía en la informalidad.
Esta realidad plantea interrogantes sobre la calidad del empleo, los niveles salariales, la productividad y el acceso a la protección social. Una economía puede generar nuevos puestos de trabajo y, al mismo tiempo, mantener una elevada proporción de trabajadores con ingresos inestables o con dificultades para acceder a determinados beneficios laborales.
La Organización Internacional del Trabajo dispone de indicadores internacionales para evaluar estas condiciones. Sus estadísticas permiten complementar las cifras nacionales con comparaciones sobre informalidad, remuneraciones y participación laboral. La discusión económica, por tanto, no debe limitarse a cuántas personas trabajan: también debe considerar cuánto ganan, en qué condiciones trabajan y qué posibilidades tienen de mejorar su situación.
El FMI y el Banco Mundial: crecimiento con riesgos y reformas pendientes
Los organismos internacionales también han examinado las perspectivas de la economía dominicana. La ficha del Fondo Monetario Internacional consultada en septiembre de 2026 presenta una proyección de crecimiento real del 3.7 % para este año y una inflación prevista del 5.1 %. Estas cifras son estimaciones, no resultados definitivos.
El FMI ha señalado la importancia de fortalecer la sostenibilidad fiscal, mejorar la eficiencia del gasto y abordar los desafíos estructurales del sector eléctrico. El Banco Mundial, por su parte, ha identificado la inversión privada, la construcción, el turismo, las remesas y las exportaciones como factores relevantes para la actividad económica dominicana.
Estas perspectivas no significan que el país se encuentre en una contracción económica generalizada. Reflejan la necesidad de mantener la estabilidad macroeconómica mientras se atienden problemas que afectan la productividad, la competitividad y las oportunidades de la población. La expansión económica registrada por el Banco Central demuestra que existen sectores con capacidad de crecimiento. El reto consiste en que sus resultados contribuyan a generar empleos de calidad, fortalecer las pequeñas empresas y mejorar los ingresos reales.
La factura económica: ¿quién termina pagando?
El encarecimiento internacional de los combustibles, la inflación acumulada, el costo del crédito y la vulnerabilidad de los pequeños negocios forman parte de una misma discusión: cómo se distribuyen los costos económicos entre el Estado, las empresas y los ciudadanos.
Cuando aumentan los combustibles, el Gobierno puede subsidiar una parte del incremento. Si las empresas enfrentan mayores costos, pueden absorberlos, reducir sus márgenes o trasladarlos a los precios. Y cuando los productos y servicios se encarecen más rápido que los ingresos, los hogares pierden capacidad de compra.
No todos los ciudadanos experimentan estos efectos de la misma manera. Una familia con ingresos elevados dispone de mayor margen para afrontar aumentos en sus gastos esenciales. Para otra que destina casi todo su presupuesto a alimentación, vivienda y transporte, una variación relativamente pequeña puede exigir ajustes importantes. Las políticas económicas deben evaluarse teniendo en cuenta esas diferencias y sus efectos sobre la estabilidad fiscal, el empleo y la inversión.
Conclusión: el verdadero desafío es convertir el crecimiento en bienestar
La República Dominicana no puede evaluarse únicamente por el crecimiento de su producto interno bruto ni exclusivamente por las dificultades que experimentan determinados sectores comerciales.
Las estadísticas muestran una economía que crece y genera empleo. También muestran inflación superior al centro de la meta oficial, elevada informalidad y miles de empresas que llevan años sin reportar actividad. El aumento de los combustibles añade nuevas presiones a los costos de transporte y producción, mientras los subsidios destinados a contenerlos representan un gasto público considerable.
La pregunta fundamental es cómo lograr que la expansión de la economía se traduzca en mejoras sostenidas del poder adquisitivo, mayor formalización laboral, productividad y oportunidades para los pequeños negocios. Para responderla, es necesario publicar y analizar periódicamente la evolución de los salarios reales, el costo de la canasta familiar por nivel de ingreso, las aperturas y cierres empresariales, la pobreza y las finanzas públicas.
Porque una economía puede crecer en las estadísticas mientras muchas familias siguen teniendo dificultades para llegar a fin de mes. Comprender esa diferencia es indispensable para evaluar sus resultados y definir los desafíos que quedan pendientes.
Fuentes documentales: Banco Central de la República Dominicana, Oficina Nacional de Estadística (ONE), Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM). Datos disponibles al 26 de septiembre de 2026.











