El 70% de los consumidores reporta impacto emocional negativo, según estudios citados
La irrupción tecnológica ha improvisado a influencers y creadores de contenido como nuevos agentes de socialización, pero su falta de formación ética y la ausencia de regulación jurídica global han generado un fenómeno de masas con más de 500 muertes desde 2008 y un impacto emocional negativo en el 70% de los consumidores.
Las tecnologías de la comunicación más avanzadas han dado lugar a influencers y creadores de contenidos que espectacularizan aventuras y excentricidades en lenguaje burdo. Su impacto es universal y negativo: desde 2008 han cobrado la vida de más de 500 de estos aficionados. La interacción con las audiencias los ha convertido en ‘líderes de opinión’ de facto y en un asombroso fenómeno de comunicación de masas.
Estos influencers y blogueros se aprovechan de la fragilidad mental, la ingenuidad y el regocijo de amplios núcleos colectivos con palabrotas, chistes vulgares y entretenimientos para romper la rutina, así como contenido para adultos e imágenes íntimas y terroríficas. Montados en esa ola, ganan fama y seguidores, y monetizan a través de la publicidad y el expendió de productos, volcando su capital humano en la economía de la atención o marketing de influencia.
El efecto espejo y el juicio nublado por la adrenalina los llevan a cometer actos que alarman. Buscando viralidad mediante visualizaciones, cientos mueren trágicamente a nivel global por imprudencias al capturar fotografías, grabar videoclips o transmitir en vivo. Caen desde rascacielos, helicópteros, trenes, acantilados, cascadas, pasos subterráneos, azoteas, o perecen ahogados, en accidentes de tránsito y tiroteos, o por tomarse una botella de whisky de un tirón por una gratificación económica. Incentivan emociones fuertes con tono desafiante y crean una percepción de impunidad ante normas sociales o legales.
Estos altavoces digitales actúan como puentes de confianza entre corporaciones y consumidores, transfiriendo su capital cultural en influencia económica. El fenómeno se sustenta en una triada: innovaciones tecnológicas, ausencia de formación ético-profesional de los influencers y falta de regulación jurídica de la comunicación global. Los estudios revelan que el 70% de los consumidores ha experimentado algún nivel de impacto emocional negativo. Los influencers utilizan plataformas digitales en violaciones penales y civiles que conllevan multas y sanciones administrativas. Entre los diez ejemplos citados están la difamación, la publicidad engañosa y los concursos y sorteos ficticios.










