En , la no solo ha acabado con edificios enteros, también con árboles y huertos que servían de a las de.
Tras meses desplazado lejos de sus , este gazatí las va reconstruyendo sin apenas recursos, para llenarlas de nuevo de unos insectos que, dice, forman parte de su.
Antes de , cuando comenzó la en respuesta a los ataques de Hamás, tenía 100 en un pequeño terreno de , en el sur del enclave.
Tuvo que abandonar entonces su casa por los bombardeos de y cuando volvió más de un año después, coincidiendo con la , se encontró con que estaban destruidas.
Solo dos se salvaron.
«Las estaban rotas, los y todo lo demás había desaparecido.
El estaba completamente destruido», explica a junto a los reconstruidos cajones de madera que albergan los panales, puestos en hileras sobre el suelo.
La destrucción generalizada de la , donde alrededor del están dañados o completamente destrozados y cientos de miles de personas viven en , afecta también a su superficie verde y cultivable.
De hecho, solo el de cultivo de permanecen accesibles e intactas, según un informe de la para la Alimentación y Agricultura ( ) divulgado este martes.
Una superficie que ha disminuido además un desde que se firmó el el pasado octubre, debido a que ha ido ganando terreno en los últimos meses y ocupa casi un 70 % de la.
Antes de la , el de era terreno agrícola y la agricultura representaba alrededor del del territorio.
En la vida de , eso se ha traducido en menos alimento para sus.
«Antes de la guerra había campos abiertos, huertos, árboles y otros recursos para que las se alimentaran: había polen, flores, de todo», explica.
Ahora, añade, la mayoría de los , y están destruidos, y también han desaparecido muchas acacias, una fuente importante de su.
Todo esto, dice, ha tenido un «impacto enorme» en los insectos.
De hecho, relata que cuando volvió a su terreno todas las se habían ido, por lo que no le quedó más remedio que adquirir para intentar volver a dar vida a las dos únicas que se encontró intactas.
El resto, hasta unas 60, las ha ido rehaciendo con pedazos de las antiguas y comprando un muy difícil de conseguir, en un territorio donde la escasez es la tónica por el.
«Compré más madera y reparé el resto de las , pero criar es caro.
Aún así, compré y las crié.
Pero cerraron los cruces fronterizos, no podíamos conseguir medicinas para las , ni «, dice sobre el control israelí sobre todo lo que entra y sale de la Franja.
insiste en que la apicultura en , de vital importancia para conservar el ecosistema, se enfrenta a «inmensas» dificultares.
«No hay , ni , ni , ni madera, ni ; de todo eso falta.
Esto es lo que más sufrimos.
Los suministros apícolas son completamente inaccesibles».
Por ello, espera que vuelva a dejar entrar todo lo que necesitan y que los puedan volver al , que «la vida vuelva a ser como antes».
Mientras, no renuncia a su oficio porque, asegura, no puede vivir sin estos insectos.
«Las son parte de nuestras vidas, de nuestra.
Son nuestro alimento, nuestro y el de nuestros hijos»..










