Cinco años después del histórico estallido social del 11 de julio de 2021 ( 11J ), Cuba vive protestas a diario que confirman que el pacto social se ha roto, lo que podría desencadenar sucesos similares pese a la creciente represión, coinciden en señalar a EFE disidentes cubanos.
Cuba atraviesa una profunda crisis desde hace seis años, con carestía de bienes básicos , apagones constantes, inflación desatada, dolarización parcial y un derrumbe de los servicios básicos.
La presión de Estados Unidos (EE.
UU.) en el último medio año ha agravado aún más la situación.
Los apagones -de varios días de duración en amplias zonas del país- son uno de los principales detonantes del creciente descontento social , que se evidencia en las protestas -focalizadas y pacíficas- principalmente en La Habana.
Aunque también han sido significativas las manifestaciones en la provincia de Santiago de Cuba (oriente) y la ocurrida el pasado marzo en Morón , Ciego de Ávila (centro).
La opositora cubana, Marthadela Tamayo , reconoce que desde el 11J no se ha visto una manifestación similar, «en el sentido que fue masiva», pero señala que «las protestas , los toques de cazuelas son tanto en horarios de día y de noche», lo que la mantiene convencida de que la isla pudiera vivir otro 11J , pues «el aire que se respira es de protesta «.
«Es como si de manera diaria vivieras en un 11J , claro que con esa diferencia que todos sabemos de la masividad.
Pero si lo creo, porque las condiciones actuales llevan a ello», recalca.
Coincide con Tamayo, el opositor Manuel Cuesta Morúa , quien insiste en que «la profundización estructural de las carencias y de las desigualdades pueden producir un evento parecido al del 11J «, que finalizó con más de 1,400 detenidos , según han denunciado entidades de derechos humanos.
Para Cuesta Morúa, las protestas que se viven en la isla, consolidan cinco años después del 11J , una «reconfiguración del tipo nuevo de relación entre la sociedad y el Estado cubanos: ruptura del contrato histórico entre pueblo y Gobierno revolucionarios, divorcio de los ciudadanos con las instituciones del Estado, explosión de las demandas frente a éste y normalización de la protesta «.
Ambos opositores concuerdan en que, si bien se reportan más protestas , estás se disuelven más rápido y no alcanzan mayor transcendencia debido a una marcada » vigilancia hacia la ciudadanía para que no realicen», en palabras de Tamayo.
Actualmente se está registrando una «durísima represión ejemplarizante del Gobierno frente a la protesta ciudadana», agrega Cuesta Morúa.
En este sentido, Tamayo habla de » regulaciones y restricciones de movimiento a los activistas de derechos humanos » en la isla, así como » restricción de movimiento o regulación migratoria», para «realizar actividad de articulación ciudadana».
Por su parte, la ONG Prisoners Defenders ( PD ) en un informe sobre el significado de las protestas sociales del 11J señala que en los últimos años «las autoridades han perfeccionado las herramientas de identificación, vigilancia y castigo de la disidencia».
Se trata, prosigue, de herramientas que combinan » vigilancia digital , persecución de organizaciones independientes, utilización de figuras penales ambiguas y despliegues represivos coordinados permite responder con mayor rapidez y eficacia a cualquier expresión de protesta o crítica pública».
Al respecto, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos ( OCDH ) denunció «al menos 1.949 acciones represivas » cometidas por «el régimen de Cuba » durante el primer semestre de 2026.
«A punto de cumplirse cinco años de las masivas protestas del 11 de julio en Cuba , denunciamos la grave situación represiva en el país y en especial el ensañamiento contra los presos políticos : los están matando lentamente», subrayó el OCDH.
La misma postura sostiene Cuesta Morúa, quien fue recientemente detenido y, según denunció el Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC), sufrió » maltrato físico y amenazas».
A su juicio, el Gobierno cubano «endurece su respuesta llevando a prisión e imponiendo duras sanciones a algunos de quienes protestan, a modo de mensaje sobre su determinación de encarecer el descontento manifiesto de los ciudadanos».
«Esto tiene un efecto disuasorio «, señala y añade otros dos factores que dificultan una mayor articulación de la protesta en la isla: «la ausencia clara de espacio público » y «el diseño preciso para cortar (por parte del Gobierno) cualquier vínculo entre el liderazgo cívico y la ciudadanía».
Cuesta Morúa señala que el 11J ha logrado «de algún modo», aunque «sin lograr la satisfacción» de las necesidades ciudadanas, que los cubanos se hayan » empoderado » y se haya «destruido la narrativa del Gobierno «.
«Éste manda -no gobierna- con escasa legitimidad «, afirma.
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