Un episodio clave para entender las luchas de poder en la joven República
El 2 de septiembre de 1844, Juan Pablo Duarte fue proclamado presidente en Santiago con apoyo del Cibao, pero una serie de contragolpes y alianzas cambiantes llevaron a su aislamiento y al fortalecimiento de Pedro Santana. Un análisis de las tensiones políticas que marcaron el nacimiento de la nación.
El 2 de septiembre de 1844, el general Juan Pablo Duarte fue proclamado presidente de la República en Santiago de los Caballeros, con un amplio respaldo en todo el Cibao. La proclamación fue impulsada por Matías Ramón Mella y otros líderes militares de la región, como reacción al golpe de Estado que Francisco del Rosario Sánchez ejecutó contra Tomás Bobadilla, bajo el argumento de que el presidente del gobierno dominicano procuraba un protectorado con Francia.
Para Mella, Sánchez debió proclamar a Duarte presidente en vez de autoproclamarse él, por lo que reaccionó en consecuencia y Duarte no lo rechazó. Sin embargo, un contragolpe liderado por el general Pedro Santana contra Sánchez, con el apoyo de los hateros y una parte de los trinitarios conservadores, cambió el curso de los acontecimientos. Mella abandonó inexplicablemente Santiago y marchó con sus lugartenientes hacia Santo Domingo para negociar su inclusión en el gobierno de Santana, pero al llegar fue apresado junto a sus acompañantes y encerrado en la misma celda que ocupaba Sánchez.
Esta situación aumentó la presión política del país y afectó profundamente el liderazgo de Duarte, ocasionando una ola oportunista en favor de Santana que arrastró a la mayoría de los oficiales y personalidades del Cibao. Mientras tanto, Duarte estaba en el nordeste tratando en vano de consolidar y ampliar su base de apoyo, pero quedó en una situación desfavorable. En Puerto Plata, el general Antonio López se puso a la orden del gobierno de la capital, creando inestabilidad para la seguridad del patricio y sus acompañantes.
Paralelamente, los generales José Antonio Salcedo, Pedro Ramón de Mena y el coronel Bartolo Mejía se pusieron a la orden de Pedro Santana, colocando a su disposición las demarcaciones militares de Santiago, Moca, San Francisco de Macorís, Cotuí y La Vega. La relación entre Duarte y estos altos oficiales pasó en pocos días de una alianza por la independencia a una confrontación política en beneficio de los conservadores. Así, la autoridad de Duarte se deterioró y quedó con apenas unos cuantos leales, aunque no se amilanó y buscó enfrentar la situación.











