Una reflexión sobre expectativas, acceso y madurez en los vínculos modernos
En tiempos donde las relaciones líquidas y la sobreexposición marcan la pauta, una columna de Ana Mercy Otáñez propone una mirada madura: aceptar a las personas como son y colocarlas donde pertenecen, sin culpas ni rupturas innecesarias.
La periodista Ana Mercy Otáñez, en su columna Quinto Piso, aborda un tema que resuena a nivel global: la gestión de expectativas en las relaciones personales. «Hay personas que no necesitan salir de nuestra vida. Solo necesitan dejar de ocupar un lugar que nunca les correspondió», escribe, y señala que muchas veces somos nosotros quienes insistimos en mantenerlas ahí, haciéndonos responsables del espacio que les damos.
A partir de la frase «Acepta a las personas como son, pero colócalas donde pertenecen», Otáñez plantea que la madurez consiste en dejar de exigirle a cada persona lo que no puede darnos. El sufrimiento, dice, no siempre viene de que alguien sea malo, sino de haberle asignado el lugar equivocado: esperar lealtad de quien solo acompaña en los momentos fáciles, confidencialidad de quien nunca guarda un secreto, profundidad de una relación superficial o reciprocidad de quien solo sabe recibir.
La autora sostiene que el problema no está siempre en quien tenemos delante, sino en la expectativa que construimos. La clave no es cambiar a los demás, sino ajustar nuestras expectativas y el nivel de acceso que les concedemos. Aceptar a alguien como es implica dejar de esperar que sea quien nunca ha demostrado ser y, probablemente, nunca será.
La reflexión se extiende a todos los ámbitos: amistad, familia y trabajo. Madurar es comprender que querer a alguien no obliga a colocarlo en primera fila. Algunas personas se ganan su espacio y permanecen cerca; otras es mejor mantenerlas más lejos; y algunas deben ocupar el lugar que sus acciones han demostrado que pueden sostener. Aceptar no significa justificar ni aguantar, sino ver con claridad y ubicar en consecuencia. Porque no todas las personas tienen que salir de nuestra vida; algunas solo necesitan cambiar de lugar.










