Serie culmina con siete principios que separan al directivo ocasional del líder que trasciende
El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el valor para continuar, dijo Winston Churchill. Con esta reflexión se cierra la serie sobre las 21 leyes del liderazgo para cooperativistas, una guía para directivos y aspirantes del movimiento cooperativo dominicano.
A lo largo de tres entregas, la serie ha abordado las leyes del liderazgo aplicadas al cooperativismo. En la primera parte se reflexionó sobre el carácter, el respeto, la intuición y el magnetismo que debe cultivar todo dirigente cooperativo. En la segunda, se profundizó en la conexión con la gente, la capacidad de generar valor agregado a la organización y la disciplina necesaria para sostener el trabajo directivo en el tiempo.
Hoy se cierra el ciclo con las últimas siete leyes, que constituyen el terreno donde germina la verdadera transformación: el paso de ser un simple ocupante de un cargo a convertirse en un líder que su cooperativa necesita. Estas leyes finales tienen un denominador común: hablan de la madurez del liderazgo. Ya no se trata solamente de construir relaciones o sumar seguidores, sino de sostener una visión, ejecutar con excelencia y persistir cuando las circunstancias se ponen cuesta arriba. Es el tramo donde se separa el directivo ocasional del líder que trasciende.
Visión y madurez: el sello del líder que trasciende
La ley de la Visión señala que los grandes líderes tienen la habilidad de predecir y anticipar el futuro. Para un directivo, tener una visión clara y alineada a lo que necesita el colectivo es una garantía de llegar al lugar correcto. Los líderes tienen una visión y presencia mental para asegurar los recursos que se necesiten. Una cooperativa sin visión termina administrando el presente en lugar de construir el futuro, y esa es, quizás, la trampa más común en la que caen los consejos de administración: gestionar el día a día sin mirar el horizonte de cinco o diez años que sus asociados merecen.
La ley de la Independencia indica que los grandes líderes saben quiénes son y en qué creen. La independencia y originalidad en el pensamiento son señales de buen liderazgo. Los buenos líderes se niegan a dar excusas, aceptan la forma como es la gente y siguen adelante con seguridad y confianza en sí mismos. Este atributo es particularmente valioso en el ámbito cooperativo, donde la presión de consensos mal entendidos puede diluir el criterio propio del directivo. Ser independiente no significa ser solitario; significa tener la firmeza de sostener una posición fundamentada, incluso cuando resulta incómoda.
La ley de la Eficiencia sostiene que mientras más tenga que hacer, más estará forzado a trabajar en aquello que es importante. Los directivos exitosos siempre tienen mucho por hacer por sus cooperativas, esto los obliga a volverse listos y a enfocarse en lo esencial. La agenda cooperativa nunca se agota, y quien pretenda atenderlo todo con la misma intensidad terminará por no atender nada bien. La eficiencia, en este sentido, es también un ejercicio de humildad: reconocer que no se puede con todo, y priorizar lo que realmente mueve la aguja. Finalmente, la ley de la Decisión establece que cada paso hacia delante está precedido por una decisión y compromiso a la acción. Los directivos que son exitosos son decisivos, saben lo que quieren y tratan de conseguirlo agresivamente. Estos son unos maravillosos atributos porque cuando se actúa decididamente para el bien común, se alinea hacia donde usted quiere ir.











