Los Copéllia fueron un referente mundial de la excelencia del helado, de factura cubana.
La Heladería Copéllia se inauguró en La Habana, en 1966, con el objetivo de producir más sabores de helado que las grandes marcas, adquiriendo maquinarias en Holanda y Suiza, llegando a ofrecer 26 sabores distintos y 24 combinaciones.
El nombre de Coppélia viene del famoso ballet de Arthur Saint-Léon y Charles Nuitter, con música de Léo Delibes, que se estrenó el 25 de mayo de 1870 en la Ópera de París.
La primera vez que escuché hablar de estos famosos helados fue precisamente de boca del presidente Joaquín Balaguer, ya que era su helado preferido, hasta el punto de que su asistente Guaroa Liranzo lo mandaba a buscar a La Habana, para siempre tenerle una porción en el refrigerador del jefe de Estado.
Bello Andino me contó que la Dra.
Licelott Marte de Barrios, cuando era vicecanciller, fue en una misión de deportiva a Cuba.
La llevaron a comer helados Copéllia y cuando saludó al comandante Fidel Castro, le manifestó cuánto le gustaron esos helados por su suavidad en el paladar y el líder cubano le envió a su hotel varias cajas de helados las cuales les trajo de regalo al presidente Balaguer, En la toma de posesión del presidente Carlos Andrés Pérez, en Caracas, Venezuela, en 1989, cuando el presidente Balaguer y Fidel Castro sostuvieron una reunión bilateral pedida por el comandante cubano, uno de los mayores halagos del presidente dominicano fue precisamente la calidad y excelencia del helado Coppelia.
A partir de esa reunión, se abrieron vuelos directos entre La Habana y Santo Domingo.
Fidel cada cierto tiempo le mandaba unas cajas de helados al presidente Balaguer, las cuales eran recibidas por el mismo Guaroa Liranzo.
Cuando visité por primera vez La Habana, en una misión médica con unos niños dominicanos que necesitaban implantes cocleares para recuperar su audición, manifesté que quería ir a la Heladería Coppelia.
Al visitar la Heladería, en el famoso barrio del Vedado, me sorprendió la dimensión del establecimiento, ya que se trataba de una manzana completa para una heladería.
Aunque ya no encontré esa variedad inicial de sabores distintos, en aquel momento había unos ocho sabores, pero la calidad del helado era óptima: un deleite para el paladar.
A pesar de que el gobierno de Joaquín Balaguer nunca abrió relaciones con Cuba, había un diálogo abierto y de cooperación médica, deportiva, y cultural.
Fidel Castro y Joaquín Balaguer se admiraban mutuamente.
En todas las Cumbres se reunían.
El helado Copéllia fue una forma de acercarse, porque Balaguer repetía: que ese era su postre favorito.
En el día de hoy, sólo existen unos tres sabores, de acuerdo a lo que me reportan amigos cubanos.
La falta de insumos y recursos ha mermado la variedad, restringiendo lo que en su momento fue el más diverso en sabores y definitivamente el mejor helado del mundo.
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