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Justicia

Los socialistas del siglo XXI

Desde que K.

Marx y Federico Engels dieron a conocer el Manifiesto Comunista en 1848, y Vladimir Lenin encabezara la primera Revolución Socialista de 1917, en la Rusia zarista, con la promesa de una sociedad más próspera e igualitaria, hoy cien años después lo único que han dejado los socialistas a los pueblos donde han gobernado es destrucción, pobreza y sufrimiento.

El socialismo nació para oprimir, odiar, vender sueños y destruir todo lo que toca; por eso, donde quiera que han llevado su ideología de izquierda, en vez de hacer crecer a los pueblos los han disminuido y no solo eso, sino que también los han empujado hacia el retroceso con su equivocada y arbitraria política de quitarle a los ricos la riqueza acumulada bajo el falso pretexto de favorecer a la clase pobre, lo que constituye una burla y un robo descarado.

El político francés Joseph Fouché, a quien Stefan Zweig bautizó como «el genio tenebroso» por sus habilidades en el juego político, ya que se movía como hojas que arrastra el viento de un lado a otro asumiendo una posición eclesiástica que dependía del momento, así que un día se sentaba en el ala izquierda del podio y otro día en el lado derecho, pero no veía ventaja ni en uno ni en otro; entonces se quedaba en el centro hasta que un día se le ocurrió usar sus brazos como punto de referencia para identificar a los asambleístas, es decir, los que a la par con su brazo derecho los tildó de derechistas y los del brazo izquierdo de izquierdistas.

Fue basado en esa definición que luego en 1917, el líder socialista Vladimir Lenin llamaría derechistas a los ricos, y de izquierda a los trabajadores; sin embargo, en el fondo lo único que hizo fue identificar a los ricos llamándolos derechistas y a los pobres izquierdistas.

A partir de ahí la propiedad privada sería robada con el falso pretexto de entregárselas a los «pobres izquierdistas» a través de arbitrarias expropiaciones que al final quedaron en la cúpula del partido, tal y como ha sucedido en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; es decir, que tanto el socialismo de Lenin, como el del siglo XXI, lo único que ha hecho ha sido adueñarse de la riqueza pública y repartírsela entre ellos mafiosos, dejando a los pueblos en la más espantosa miseria, demostrando una vez que los izquierdistas solo saben destruir.

El socialismo enterró en la miseria a la mitad del mundo occidental y también iba a repetir su diabólica empresa en América, cuya tarea comenzaría con la fracasada Revolución de los hermanos Castro, que buscaron el auxilio de una Unión Soviética ya en plena ruina, situación que aprovechó Nikita Jrushchov cuando en 1962 trasladó una plataforma lanzamisiles que estuvo a punto de dar inicio a la primera guerra nuclear y que, gracias a Dios, no pasó de simples retóricas; es decir, que cuarenta y cinco años después Cuba, considerada la Perla de las Antillas, iniciaría bajo la tutela de los comunistas un viaje raudo y sin tropiezos que la hundiría a lo más profundo del pantano.

Con la Cuba de los Castro destruida, la población en rebeldía y Rusia para apenas a los hermanos diabólicos no le quedó otra opción que mirar a sus vecinos y así se cargan a los gobernantes de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina, Chile, Perú y Venezuela, a quienes movieron como frágiles maniquíes llevando a esos países a un colapso social, económico y político, gracias a esa máquina de muerte, hambre y destrucción llamada socialismo de izquierda.

El llamado socialismo de Lenin y el socialismo del siglo XXI, que dio vida a la más grande maquinaria de destrucción masiva de América y que nació en la mente de un fanático que bajo el control de los hermanos Castro se iba a rodear no por fanáticos sino por boas hambrientas que acabarían con la mayor riqueza del más rico pueblo, como está pasando con la República de Venezuela.

Ese socialismo del siglo XXI no solo llevó pobreza a esa gran nación sino que, además, la ahogó en su propia sangre y la enterró en fundas llenas de gorgojos que eran entregadas como bolsas de comida.

Los nuevos socialistas del siglo XXI, con Hugo Chávez a la cabeza, emergerían como el nuevo líder máximo de la izquierda, no por su inteligencia y capacidad sino porque comenzó a repartir la riqueza de los venezolanos, pero además usó a los alicaídos hermanos Castro como guardas de almacenes a cambio de globos inflados de petróleo y otras migajas más; pero mientras los Castro se movían como perros con los rabos entre las piernas, el chavismo actuaba cual anaconda engulléndose todos los pozos petroleros, el oro, el gas y si alguien se quejaba entonces o tenía que abandonar su tierra o ir a morir enterrado en un cementerio llamado El Helicoide.

Murió Fidel, también Hugo Chávez, Raúl tiene una orden de captura internacional, mientras Nicolás Maduro y su esposa esperan en una cárcel de NY; esa es la historia del socialismo de ayer y también la del siglo XXI.

Esa ideología de izquierda ha sido como una presa desbordada que arrastra todo lo que un pueblo ha logrado en democracia y libertad, pero América ha despertado de esa cruel pesadilla y eso ha tenido mucho que ver con el presidente de los EE.

UU., Donald Trump, a quien considero como el nuevo libertador.

Ahora América se sacude y en San Salvador nace un referente llamado Nayib Bukele, quien no solamente ha llevado orden a su país, que fue devastado por la izquierda, sino que también le ha dado prosperidad.

La izquierda es un fracaso y ya Bolivia lo vivió con Evo Morales, hoy prófugo de la justicia, igual que en Ecuador con el Sr.

Rafael Correa.

En México no se sabe quién tiene más poder, si la presidenta o los cárteles de la droga.

Nicaragua, gobernada desde una cama, padece las barbaridades de una pareja de dictadores; es decir, donde quiera que esa ideología se asienta los pueblos sufren y padecen.

España está diciendo basta al socialismo, avergonzada por tener que ver al expresidente José Rodríguez Zapatero imputado por corrupción.

Esa izquierda devastó a Chile, como también pasó en Argentina, donde su máxima representante está condenada por corrupción y hoy guarda prisión en su propia casa.

Y qué decir del presidente Petro, que ha regresado la violencia a la gran nación y el narco renovado, pero todo indica que Colombia le pondrá fin a ese socialismo corrupto y destructor, mientras en Perú se siente una dulce brisa de libertad y democracia.

Latinoamérica ha despertado y jamás volverá a caer en el engaño que se llama socialismo de izquierda.

Quiero dejar constancia en este escrito de la solidez de la democracia dominicana, gracias al liderazgo político, a las iglesias, a nuestras gloriosas Fuerzas Armadas, a la sociedad civil y sobre todo a esa juventud que no se ha dejado envenenar por esa ideología de izquierda, ya que con pasión y coraje han defendido la democracia, la integración y la libertad.

Por Jesús María Hernández jmhnotario@gmail.com.

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