La movilidad en RD exige un cambio de modelo, no solo cambios de gestión
La llegada de Juan Manuel Méndez al INTRANT no resolverá el caos del tránsito en República Dominicana, porque el problema es estructural: involucra al Estado, a los ayuntamientos, al sector privado y a cada ciudadano en una cultura que prioriza la conveniencia individual.
El tránsito dominicano es un rompecabezas donde el INTRANT es solo una pieza, junto a DIGESETT, Obras Públicas, los ayuntamientos y los operadores de transporte. Cambiar al director puede mejorar la gestión, pero no cambiará por sí solo la manera en que nos movemos, construimos ciudades y nos comportamos en las calles, un fenómeno que se repite en todo el país y que afecta a la diáspora cuando regresa.
El crecimiento urbano desordenado es la raíz del problema: se construyen torres, plazas y urbanizaciones sin analizar su impacto vial, y luego se intenta resolver con cemento, una carrera imposible de ganar. El transporte público ha avanzado con Metro, Teleférico y corredores, pero su éxito no se mide en kilómetros, sino en lograr que los conductores dejen su vehículo voluntariamente porque el colectivo sea más rápido, seguro y predecible.
El verdadero obstáculo es cultural: vivimos en una sociedad individualista donde la prisa personal está por encima del colectivo, hasta que una consecuencia nos obliga a cambiar. Entrar a una intersección bloqueada, ocupar un carril indebido o hacer un giro prohibido son conductas que todos reproducimos, y luego reclamamos orden para los demás, pero buscamos comprensión para nuestras propias infracciones.
Por eso, la solución no es solo educación, sino autoridad que haga cumplir las reglas, junto a una planificación integral que ataque las causas y no solo las consecuencias. Mientras manejar siga siendo la opción más eficiente, seguiremos agregando carros a vías saturadas, y el tapón seguirá siendo parte de nuestra vida diaria, tanto en Santo Domingo como en las principales ciudades del país.










