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Nacional

Mujer y pesca en República Dominicana: la presencia femenina en el proyecto FISH4ACP

Sheila Peguero, pescadora de balsa de Palmar de Ocoa: «Inicié pescando en la orilla de la playa.

Aprendí de mi padre desde muy joven y también de mi esposo».

FAO/Plinio Núñez A propósito de ser declarado 2026 como el Año Internacional de la Agricultora, cuatro mujeres dominicanas comparten sus experiencias como parte de FISH4ACP en República Dominicana , un proyecto iniciado en 2021 para fomentar la sostenibilidad de las cadenas de valor de la pesca del pez dorado ( Coryphaena hippurus ), optimizando las operaciones que tienen lugar antes, durante y después de su captura.

La bióloga Jeannette Mateo, oficial del proyecto FISH4ACP en República Dominicana, explica que es una iniciativa de la Organización de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (OEACP) implementado por la FAO con el apoyo de la Unión Europea y del Gobierno alemán.

Mateo participó en el Encuentro Verde de Listín Diario junto a Alba del Río, experta en cadena de valor pesquera de la FAO; Nidia Pérez , comerciante de productos procesados; y Julia Mañón , de la Asociación de Pescadores de Boca Chica.

También se unieron al encuentro desde Palmar de Ocoa (Azua) la pescadora Sheila Peguero y Carmen Pérez , comerciante de pescado cocinado.

Heidy Santana, coordinadora ambiental de la fundación Propagás; Jeannette Mateo, oficial del proyecto FISH4ACP en República Dominicana; Alba del Río, experta en cadena de valor pesquera de la FAO; Nidia Pérez, comerciante de productos procesados; Yvonne Arias, coordinadora del Encuentro Verde; y Julia Mañón, de la Asociación de Pescadores de Boca Chica.

RAUL ASENCIO/LD Pautado para finalizar en diciembre de 2026, el proyecto se concentra en Boca de Yuma (La Altagracia), San Pedro de Macorís (en términos de manejo del Consejo Dominicano de Pesca y Acuicultura-Codopesca se incluye a Boca Chica), Barahona, Palmar de Ocoa (Azua) y Pedernales.

Otras comunidades como Santo Domingo, Salinas (Baní) y Samaná se han involucrado también en la ruta del pez dorado, señala Mateo.

El trabajo en las comunidades costeras comprendió estudiar qué funciona desde el punto de vista económico, social y ambiental para, de forma participativa, identificar los problemas y las necesidades del sector.

Como parte del proyecto, nació una estrategia a 10 años y se estructuró la Plataforma del Dorado, un grupo multiactores que incluye a pescadores, comerciantes y autoridades.

“En esta cadena, el trabajo de uno se complementa con el del otro, entonces la plataforma funciona como una especie de comité, como un mecanismo de validación.

Todo lo que hacemos en el proyecto tiene que ser conocido y validado por los miembros de la plataforma”, sostiene Mateo.

Julia ha transmitido el arte de la pesca a sus hijos, tres hembras y un varón, porque asegura que es una pasión.

“Los llevo a pescar.

No pescan profesionalmente pero sí pescan”.

RAUL ASENCIO/LD Esta plataforma creció y se convirtió en la “Federación Nacional de Pescadores y Pescadoras de la Plataforma del Dorado”.

De las 17 personas que conforman el grupo núcleo de la plataforma, ocho son mujeres.

Ellas representan a las asociaciones y a las comunidades.

En el país, se estima que hay unos 1,347 pescadores de pez dorado, de los cuales el 23% son mujeres (Codopesca).

LA AYUDA.

“FAO les da la formación y les suministra equipos para que mejoren la cadena de valor”, indica Mateo.

Julia cuenta que les enseñaron cómo mantener el pescado en buen estado, proporcionándoles los utensilios para que eso sea posible, así como la nevera para mantener la cadena de frío, de manera “que el pescado llegue tal como lo pescan, es decir, que el pescado no sufra nada durante el trayecto a casa”.

“FAO nos ha dado la capacitación para aprender a manejar la pesca incluso desde antes de salir a pescar.

Nos ha dado talleres hasta de sobrevivencia, pagándolo todo ellos.

Nos dieron talleres sobre cómo manejar nuestras asociaciones para evitar los intermediarios, porque el pescado llega caro a las personas y barato al pescador por los intermediarios.

Ahora mismo nos está haciendo un cofinanciamiento para adquirir unos frízeres de muy alta calidad que nosotros no podríamos costear”.

ABRIRSE CAMINO.

El día del encuentro con Listín Diario, Julia y Nidia participaban en la segunda rueda de negocios de la ruta del dorado, un mecanismo de enlace comercial que une y pone en contacto a comerciantes, vendedores y compradores (sobre todo compradores mayoristas), incluyendo hoteles y restaurantes.

“La FAO nos está tratando de abrir campos donde los pescadores tengamos la voz cantante a la hora de negociar nuestros productos.

Con los frízeres nos ayudarán a tener mejor almacenamiento, pero también nos ha dado los talleres de cómo almacenarlos, de cómo mantenerlos en buena condición para vendérselo a cualquier público, no solamente a los del pueblo, sino también a un hotel o a un supermercado que quiera hacer negocios con nosotros”, expresa Julia.

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Sobre los frízeres, miden 2.10 metros, totalmente forrados de acero inoxidable, con una garantía de durabilidad de décadas.

Y como parte del fortalecimiento de género, un aporte en la innovación en la cadena de frío por parte de la FAO será la construcción de un cuarto frío modelo que estará ubicado en El Quemaíto, así como la disponibilidad de 67 congeladores prototipo de muy alta calidad y durabilidad.

JULIA MAÑÓN: “SIEMPRE ME GUSTÓ LA PESCA” Es cosmetóloga de profesión y tiene más de 30 años dedicados a la pesca.

Nació en Guerra (provincia Santo Domingo), pero se crió en Río Arriba de Baní.

Frente a su casa pasaba un río y ahí se la pasaba pescando todo el tiempo, le cuenta Julia a Listín Diario.

A los 14 años se muda con su madre a Boca Chica y allí pescaba con su hermana “desde la orilla de la piedra” con pequeños anzuelos.

“El papá del esposo de mi hermana era pescador, don Félix, fundador de Andrés Boca Chica, de los pescadores de allá; siempre estaba pendiente y nos traía un chin de carnada”.

Pescaban candil, bocayate, cojinúa… Luego Julia se casó y la pesca dejó de ser un hobby.

Hace 25 años que se dedica solo a la pesca artesanal y, como parte de la experiencia del proyecto FISH4ACP, agradece la capacitación y las facilidades que les ha legado la iniciativa.

“La temporada del dorado va de mayo a noviembre… Es el tiempo que casi todo pescador está esperando porque nos da una buena producción.

Una buena pesca de dorado debe pasar de las 200 libras, o sea, dos quintales en adelante para usted decir que cubrió los gastos y tuvo una buena pesca.

Ahora, con la ayuda de FAO, tenemos asegurada la compra del pescado”.

Hace unos dos años forma del proyecto y asegura que “hemos visto la diferencia; de corazón les digo”.

“Antes se lo dábamos a los intermediarios y cuando pescábamos cierta cantidad teníamos nosotros mismos que ponernos a venderlos a los que nos quisieran comprar.

En las pescaderías nos pueden comprar la primera producción a 140 la libra, pero ya para el segundo mes te dicen que a 100, y al tercer mes te dicen que no traigas porque no te lo pueden recibir”.

Para pescar el dorado se estila poner balsas en alta mar.

«El dorado es un pez tan sublime, tan favorable para nosotros, que no es algo que tenga que pasar horas mirándolo.

Es curioso, pero inmediatamente tiras la carnada, él va a venir”, dice Julia.

Nidia invita a todos a probar sus albóndigas de pescado en Pedernales.

RAUL ASENCIO/LD NIDIA PÉREZ: EXPERTA EN PRODUCTOS PROCESADOS Nidia vive en la ciudad de Pedernales.

Su esposo es pescador de balsa y también forma parte de la plataforma.

“La pesca del dorado es muy bonita, me apasiona aunque no sea pescadora porque tengo una conexión directa con ella”.

Nidia recibe el pescado que trae su esposo, lo procesa y lo hace parte de productos que gozan de mucha aceptación en la comunidad, como las albóndigas que elabora con la carne del dorado y otros peces.

“Yo recibo el pescado y lo fileteo, lo pongo en empaque al vacío, lo cual aprendí con los talleres y las máquinas que nos facilitó la FAO para hacer eso.

También nos facilitó las de moler”.

Las albóndigas son su producto número uno.

Las vende directamente o por encargo.

“También hago envíos.

Todavía no vendo a cadenas hoteleras porque no tengo mucho capital ni cómo envasar grandes cantidades, pero en eso nos está ayudando la FAO con la adquisición de unos frízeres”.

Además de las albóndigas, Nidia prepara canastas de mariscos cocidos y precocidos y empanadas de mariscos.

“El proyecto nos ha beneficiado a mí y a toda mi familia.

Lo que más me gustó es que lo primero que nos enseñaron fue a mantener la cadena de frío, a que todo tenga inocuidad, que todo le llegue al consumidor con calidad”.

Sheila preparando el cordel para pescar.

FAO/Plinio Núñez SHEILA PEGUERO, PESCADORA DE BALSA DE PALMAR DE OCOA Yvonne Arias: ¿Cuándo iniciaste en la pesca? Sheila: Inicié pescando en la orilla de la playa.

Aprendí de mi padre desde muy joven y también de mi esposo.

Ayer fui con mi esposo Carlos a matar dorado y pescamos 36 libras.

Hay días que no conseguimos nada y uno se queda con el compromiso del vale, que es la cuenta de gasolina que hace con el dueño de la pescadería.

Aunque vivimos de la pesca, mi esposo también fabrica boyas por encargo, para colocarlas en las balsas.

Vivimos a 5 minutos, venimos a la playa desde la casa a pie.

El pescado que más nos gusta es dorado, también blanquilla y cojinúa.

El dorado empanizado es el mejor, pero se come como quiera.

Yvonne: ¿La gente se encuentra extraño que una mujer joven, con marido y 2 hijos salga a pescar? Sheila: Bueno, la mayoría de la gente dice que yo soy una mujer muy fuerte, que cómo es que yo me meto al mar a pescar a 25 y a 30 kilómetros, depende cómo esté la balsa, y yo le respondo que todas podemos.

Yo ya he ido a 50 y 62 kilómetros.

Si les gusta, las mujeres podemos ir hasta a Pekín.

Ahora mi esposo está cuidando los hijos mientras me entrevistan.

Yvonne: ¿Puedes decir que la gente está orgullosa de ti? Sheila : Sí, está orgullosa de que yo sea pescadora.

Yvonne: ¿Los jóvenes de tu generación también pescan? Sheila: Antes pescaba con mis primos, pero la única que se quedó en la pesca fui yo.

Algunos de mis primos se dedicaron a trabajar construcción y las mujeres a otras actividades.

Yvonne: ¿Puedes decir que tu nivel de vida es aceptable? Sheila: Sí, estoy conforme con mi vida.

Jeannette Mateo: Los pescadores respetan y admiran a Sheila por su valentía, la ven como una heroína, porque es poco común que una mujer se dedique a esa actividad.

La experiencia de un viaje a África fue inolvidable.

Ganamos un premio de una buena práctica sobre innovación social que presentamos en un gran evento sobre océanos.

Yvonne: ¿Cuántas mujeres pescadoras hay aquí? Bueno, yo no soy la única.

Hay una, Escarlet que pesca con el esposo, tira nasa de langosta y trasmallo, pesca cerca, en la bahía.

Yvonne: ¿Qué te limita de tener mejor resultados? Sheila: Bueno, la gasolina ha subido, pero eso no nos para de pescar.

El precio de la gasolina sube, pero el precio del pescado se le paga a uno igual.

En la pescadería en donde vendo nos facilitan fiada la gasolina, luego cuando uno regresa de la pesca, el dueño de la pescadería se descuenta lo que le había fiado en combustible ya que el bote es de nosotros, luego el resto de la ganancia se divide entre 3.

No le ponemos nosotros precio al pescado sino el precio que ponga el dueño de la pescadería, pero vendemos a varias pescaderías.

Yvonne: ¿Ustedes tienen algún entrenamiento que les permita llevar la contabilidad? Sheila: Eso hace falta.

Sí nos entregan una factura y un vale con lo que uno debe.

Normalmente se saca el valor del bote, y se divide la ganancia entre 3 partes iguales: el dueño del bote, la pescadora y el bote (fondo aparte para reparación).

Yvonne: ¿Entonces tu marido cobra dos veces? Sheila: No.

Lo del bote se guarda.

Jeannette: ¿Cuáles son tus aspiraciones? Aspiro a tener mi propia empresa de pescadería para no tener que depender de otros.

Carmen y Carlos se mantienen activos pese a haber vivido situaciones difíciles.

FAO/Plinio Núñez CARMEN PÉREZ, COMERCIANTE DE PESCADO COCINADO “Mi papa y mi mamá vivían en Neiba.

Desde los siete años trabajaba en casas de familia.

Éramos 11 hijos.

He pasado muchas, pero estoy conforme con Dios y ya tengo 71 años”, dice doña Carmen.

Yvonne Arias: ¿Qué es lo que usted más vende? Dorado, porque es bueno, a la gente le gusta porque es carne blanca, sin espinas y por el sabor especial con que lo cocino.

Yo preparo wasakaka, porque la que he comprado no me sabe igual.

A veces atiendo a grupos, preparo una bandeja llena, cuando no vengo a la playa a vender me van a buscar a la casa.

Don Carlos (esposo de Carmen) : Fui pescador por más de 40 años.

Desde hace unos años ayudo a Carmen aquí en el negocio.

Hemos tenido muchas situaciones difíciles.

El huracán George nos provocó mucho daño.

Hubo que recuperar nuestra embarcación, se dañó el motor y los frízeres.

Carmen viajaba de Baní a la capital con una neverita a vender pescado.

Carmen: Yo vendía en una acera en Villa Juana, pues tenía una hermana que vivía allá.

Cuando no vendía nada, me ponía a llorar.

Carlos: “Ella casi no podía cargar con la nevera, es sobreviviente de un infarto.

Pero podemos decir que, en comparación con otros lugares, aquí somos millonarios en tranquilidad.

Yo no puedo quedarme sentado en mi casa.

Vendemos pescado, salami, longaniza… lo que la gente quiera comer.

Carmen: Yo vendo a veces hasta 40 platos.

Aquí la gente me conoce, tenemos 40 años aquí.

Carlos vino adelante.

En principio yo venía y pescaba 2 o 3 días y luego viajaba a la capital a vender la producción y luego volvía…Vi que era rentable la pesca y nos mudamos para acá.

Don Carlos: Yo vine primero y dejé a Carmen con la familia.

Yo vine en el 1984, cuando Jorge Blanco”.

Alba del Río, especialista en cadenas de valor y punto focal del proyecto FISH4ACP para República Dominicana, visitó el país desde España.

Comenta que Naciones Unidas declaró el 2026 Año de la Mujer Agricultora y esto incluye no solo a agricultoras, sino a productoras del sector marino: apicultura y pesca.

“En parte ha sido porque la FAO se ha dado cuenta de que el 40% de las mujeres que trabaja se dedica al sector de la alimentación: o a la pesca, o la venta en un restaurante de comida… siempre temas relacionados con la alimentación…” También registraron que las mujeres que se dedican a la agricultura producen 25% menos que los hombres.

“O sea, que no es que no tengan la capacidad, sino que no tienen acceso a finanzas.

A menudo no tienen acceso a la tierra, o están marginadas.

Entonces, se quiere visibilizar este año el papel, el rol tan importante de las mujeres en la producción de alimentos, en los sistemas pro alimentarios.

La FAO ha estimado que si se consigue cerrar esta brecha de productividad y esta brecha de salarios de la mujer en el sector agroalimentario, se conseguirá bajar la inseguridad alimentaria a nivel global en 45 millones de personas”, expone Del Río.

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