La decisión del régimen nicaragüense agrava la crisis diplomática y afecta a la diáspora
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ordenó el cierre de la embajada de su país en República Dominicana, en represalia por la censura de RD y otros países a la suspensión de las elecciones nicaragüenses. La medida agudiza el aislamiento internacional del régimen y golpea la movilidad y los derechos de los nicaragüenses.
El cierre de la embajada de Nicaragua en República Dominicana, confirmado este 21 de septiembre de 2026, es la más reciente acción de Daniel Ortega que limita las buenas relaciones, la movilidad, el intercambio, las libertades y el derecho de los nicaragüenses, en un contexto de creciente presión internacional.
La clausura de la sede diplomática fue la respuesta directa a la censura de República Dominicana y otros países ante la suspensión de las elecciones que estaban programadas para este año en Nicaragua. Esta decisión se suma a un patrón de aislamiento que incluye la expulsión y desnacionalización de disidentes.
Para Ortega, aislar a los que permanecen en el territorio no es ningún problema, según analistas. La medida afecta la atención consular de los nicaragüenses en RD y de los dominicanos en Nicaragua, y podría tener repercusiones en la diáspora nicaragüense en la región.
La comunidad internacional observa con preocupación el deterioro democrático en Nicaragua. El cierre de la embajada en Santo Domingo refleja la tensión entre el régimen de Ortega y los países que cuestionan la falta de garantías electorales, un tema que sigue generando rechazo en foros internacionales.












