La provincia de Pedernales vive una transformación que muchos califican de histórica, casi como un despertar largamente postergado, gracias a la visión y al firme compromiso del presidente Luis Abinader, quien ha colocado esta zona fronteriza en el centro del desarrollo turístico nacional.
Las inversiones realizadas por el Gobierno en Cabo Rojo, la construcción y rehabilitación de carreteras, el impulso de nuevos proyectos hoteleros y el mejoramiento de importantes infraestructuras representan una nueva aurora para la provincia. Son obras que iluminan el horizonte, que abren puertas al empleo, al turismo y a una imagen renovada de Pedernales que por décadas fue promesa y ya comienza a ser realidad.

Los habitantes de la provincia reconocen y valoran el esfuerzo del presidente Abinader. Durante años, Pedernales fue un susurro olvidado en el mapa del desarrollo; hoy, en cambio, empieza a sonar con fuerza en el Caribe como un destino llamado a cambiar su destino económico y social.
Pero toda luz proyecta también sus sombras, y esta transformación tan celebrada como necesaria aún no ha terminado de abrazar por completo a los campos y comunidades rurales del distrito municipal José Francisco Peña Gómez, especialmente Mencía, La Altagracia,Aguas Negras, La Manigua, Los Arroyos, El Bambú, Boca de Tanjo y otras localidades agrícolas cercanas.
Allí, donde la tierra sigue siendo sustento y la vida se levanta temprano entre surcos y ganado, viven familias trabajadoras que han sostenido la provincia con manos callosas y silencios largos. Son comunidades que no piden lujo, sino lo esencial: caminos dignos, protección para sus recursos y, sobre todo, viviendas seguras.
En Mencía y La Altagracia, la realidad golpea con crudeza. Existen casas deterioradas, algunas al borde del colapso, donde el miedo se ha vuelto parte del techo y la incertidumbre parte del suelo. Familias que duermen con la fe como único sostén, temiendo que la noche no solo traiga sueño, sino también derrumbes. Y aunque ya se han registrado caídas de techos, el milagro ha sido que aún no se han perdido vidas.

Es ahí donde surge la gran contradicción del progreso: ¿puede hablarse de un nuevo Pedernales mientras parte de su gente aún vive bajo estructuras que parecen resistir solo por costumbre?
Confiamos en que el presidente Luis Abinader, quien ha demostrado con hechos su compromiso con esta provincia, también dirigirá su mirada hacia estas comunidades olvidadas dentro del propio avance. Que a través del Ministerio de la Vivienda y Edificaciones (MIVED) se disponga un levantamiento real, humano y urgente para identificar las casas que necesitan ser reparadas, remodeladas o reconstruidas.
No sería un gesto menor. Sería, quizás, la parte más humana de la gran obra: la que no se mide en hoteles ni en carreteras, sino en la tranquilidad de una madre que puede dormir sin miedo a que el techo le caiga encima.
El desarrollo turístico debe caminar de la mano con la dignidad de quienes han cuidado estas tierras por generaciones. Porque no hay progreso completo si el brillo de la costa contrasta con la fragilidad del campo.

Pedernales está cambiando, sí, y ese cambio lleva la huella del presidente Abinader. Pero toda huella verdadera debe dejar marca en cada rincón, no solo en los escenarios visibles del turismo, sino también en los silencios profundos de las comunidades rurales.
Los comunitarios del distrito municipal José Francisco Peña Gómez no desconocen las grandes obras realizadas; las ven, las reconocen y las agradecen. Pero también levantan una voz que no busca confrontación, sino equilibrio: que el campo no sea el último en la fila del progreso.
Presidente Abinader: Pedernales confía en usted, pero también le habla con la franqueza de su tierra. Las obras ya realizadas demuestran que cuando hay voluntad política, la historia cambia. Ahora el reto es más íntimo, más humano y más decisivo: que ninguna familia tenga que esperar el derrumbe de su techo para ser vista por el desarrollo.
Porque el verdadero nuevo Pedernales y Cabo Rojo no será solo el que reciba turistas… sino el que logre que su gente, toda su gente, pueda dormir sin miedo bajo su propio techo.
Por Wandry Méndez











