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Podemos reducir los feminicidios

Entre tú y yo, los feminicidios —especialmente los cometidos por parejas o exparejas — continúan siendo una de las tragedias más dolorosas de la República Dominicana.

A pesar de campañas, programas y discursos oficiales, las cifras siguen estremeciendo al país y demuestran que aún estamos lejos de controlar esta crisis social.

En 2022 se registraron 46 feminicidios en el país.

Sin embargo, el panorama actual vuelve a ser alarmante.

Solo en el primer trimestre de 2026 ya se contabilizaban 22 feminicidios, mientras las denuncias por violencia de género e intrafamiliar superaban las 17 mil en apenas tres meses.

Otro dato preocupante es que alrededor del 86 % de las víctimas nunca había presentado una denuncia formal contra su agresor.

Detrás de cada cifra hay una historia de dolor.

Familias destruidas.

Hijos huérfanos.

Mujeres que muchas veces pidieron ayuda, advirtieron amenazas o intentaron salir de relaciones violentas sin recibir protección suficiente.

El problema no es solo que las mujeres estén muriendo.

El problema es que seguimos llegando tarde.

Porque la violencia de género casi nunca comienza con un asesinato.

Empieza con el control, las amenazas, los celos enfermizos, la manipulación, las humillaciones y las agresiones psicológicas.

Son señales que muchas veces se minimizan hasta que finalmente ocurre la tragedia.

Por eso la lucha contra los feminicidios no puede limitarse a reaccionar después de cada crimen.

La prevención debe convertirse en prioridad nacional.

Eso implica fortalecer las órdenes de protección y garantizar que realmente se cumplan.

Implica ampliar los refugios para víctimas, mejorar la asistencia psicológica y legal, crear unidades policiales especializadas y desarrollar sistemas de seguimiento para agresores de alto riesgo.

También implica intervenir antes de que la violencia escale.

Los programas de rehabilitación, control y atención psicológica para hombres violentos deben formar parte de cualquier estrategia seria de prevención.

ONU Mujeres ha respaldado este enfoque preventivo y educativo en distintos países.

En España, por ejemplo, la educación en igualdad y las campañas permanentes han reducido la tolerancia social hacia la violencia machista entre los jóvenes.

En países como Suecia, Finlandia, Costa Rica y Canadá, la equidad de género se ha integrado en los sistemas educativos y en políticas públicas orientadas a la prevención temprana.

La educación transforma.

Una sociedad que enseña respeto, igualdad y manejo emocional desde la niñez reduce violencia en el futuro.

Pero ninguna medida será suficiente si seguimos normalizando conductas peligrosas.

Muchas veces el agresor amenaza, persigue, controla o intimida durante meses… y aun así la sociedad lo considera un “problema de pareja” hasta que ocurre el crimen.

Ahí está una de nuestras grandes fallas.

Cada feminicidio representa una derrota del Estado, de la sociedad y de todos nosotros.

No podemos acostumbrarnos a vivir viendo mujeres asesinadas cada semana como si fuera algo normal.

Porque una sociedad que normaliza la violencia… termina perdiendo parte de su humanidad.

Contacto: joaquinjoga@gmail.com Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES Desempeño Docente acueducto Dual RD CONGO ÉBOLA violencia Groenlandia.

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