La capital haitiana, un paisaje de abandono y resistencia
La Puerto Príncipe que muestran los videos recientes del youtuber colombiano Juan supera cualquier descripción convencional. Barrios enteros convertidos en pueblos fantasmas donde la vegetación reclama el terreno que las pandillas vaciaron a punta de fusil. Fachadas de concreto acribilladas por decenas de impactos de bala y casquillos dispersos por el suelo como testigos silenciosos de una guerra sin ideales ni horizonte de paz.
Los desplazados haitianos que huyeron de las bandas armadas malviven en condiciones de hacinamiento extremo. Escuelas de tres niveles y hasta el antiguo edificio del Ministerio de Comunicaciones se han transformado en campamentos improvisados. Lonas, sábanas raídas, tablones de madera y colchones tirados en pasillos delimitan los espacios donde la desesperanza se respira a diario.
Una crisis humanitaria sin final a la vista
La cotidianidad precaria intenta abrirse paso bajo la custodia de una fuerza de paz que todavía se encuentra en fase de construcción. Mientras tanto, miles de ciudadanos sobreviven apretujados en recintos que antes albergaban estudiantes o trámites burocráticos. La autora de esta columna —que no se define como prohaitiana ni antihaitiana sino como periodista— confiesa haber quedado aturdida ante imágenes que ningún reportaje previo le había mostrado con tal crudeza. En aquel Haití de mayo de 2026, la dignidad humana resiste entre escombros.










