Todo indocumentado o persona en trámite de residencia debe tener un poder notarial firmado ante el consulado local, mediante el cual autorice a un pariente o amigo a retirar sus bienes ante las autoridades bancarias, concesionarios de vehículos, etc. Asimismo, mediante un abogado, debe explicar que sus cuentas bancarias y los ahorros, producto de su trabajo, no pueden ser confiscados a menos que se pruebe que el dinero proviene de actividades ilícitas.
Eso no lo explican nuestros diputados del exterior, dominicanos, ni los cónsules, y mucho menos el INDEX.
Debemos defender a nuestra gente. Si completó el pago de un automóvil adquirido a crédito y tiene pruebas de la compra en el concesionario, ese vehículo no se pierde. Puede venderlo mediante el poder notarial, que tendrá validez y deberá ser ratificado por el concesionario y su banco local.
Pero aquí, en Miami, la diáspora ha visto cómo 264 personas dominicanas han sido repatriadas en 2026 y nadie las visitó en el centro de detención; es más, las ignoran. Entonces, ¿de qué están hechos el INDEX, los cónsules y demás yerbas? ¿Solo para fotos, figureos y comelatas durante los días festivos dominicanos?
Hay cultura de selfie, no de gestión en la diáspora de Miami
Un director del INDEX no está solo para tomarse fotos en eventos y con funcionarios de la República Dominicana. Está para abrir puertas a toda ayuda para la gente del exterior y gestionar asistencia con el país anfitrión; conectar con universidades para ofrecer clases de inteligencia artificial; anunciar ferias de salud para los dos millones de dominicanos que viven aquí.
Ayudar no es tomarse fotos enviando cosas a Quisqueya; es ayudar en el exterior, donde vivimos.
Hoy vemos más fotos en redes que proyectos. Más discursos en restaurantes que resultados. Más «yo estuve» que «esto logramos».
El mayor mito del liderazgo es creer que solo consiste en dirigir personas. En realidad, el liderazgo consiste en construir personas, procesos y principios capaces de sostener resultados incluso cuando el líder no está presente. Si todo depende de ti, no has creado liderazgo; has creado dependencia.
Y la dependencia tiene un costo enorme: equipos que dejan de decidir porque esperan instrucciones, colaboradores que prefieren preguntar antes que pensar, gerentes agotados que confunden estar ocupados con ser útiles y organizaciones donde la velocidad del crecimiento depende de la disponibilidad de una sola persona. Eso no es liderazgo. Es centralización.
Muchos líderes caen en esta trampa porque sentirse indispensables alimenta el ego.
Ser el primero a quien llaman los hace sentir importantes. Resolver todas las crisis produce reconocimiento. Tener la última palabra genera una falsa sensación de control. Pero el ego suele construir exactamente aquello que el liderazgo debería destruir: la incapacidad de los demás para actuar sin permiso.
El liderazgo maduro renuncia al protagonismo. No busca ser el héroe de cada historia; busca que existan menos héroes y más personas competentes.
Por Johnny Sánchez











