El rapto de la periodista mexicana reaviva el debate sobre la seguridad de comunicadores en Latinoamérica
La reportera mexicana Roxana Ramírez fue secuestrada por sujetos armados en Nanchital, Veracruz, y el video del rapto se difundió rápidamente en X y Facebook. El hecho ocurre en uno de los estados más peligrosos para el periodismo y reactiva la alerta internacional sobre la violencia contra la prensa.
Romana Ramírez, quien trabajaba en el sur de Veracruz desde hace aproximadamente seis meses y fundó el portal digital ‘Impulso’, fue sacada violentamente de su domicilio por dos sujetos encapuchados y con armas largas a las 05.00 hora local de este martes. Las imágenes, que muestran cómo los agresores golpean con un mazo una puerta de aluminio y apuntan a los ocupantes, fueron compartidas en X y Facebook, generando una ola de reacciones y condenas.
La Fiscalía General del Estado abrió una investigación y comisionó a un equipo multidisciplinario en la región de Nanchital, mientras corporaciones policiales y castrenses desplegaron un operativo para dar con la víctima. Horas después, la Fiscalía informó que mantiene la búsqueda con fiscales, peritos y policías ministeriales en la zona.
El secuestro ocurre en un contexto de violencia extrema contra la prensa en Veracruz. En enero pasado, el reportero de Nota Roja Carlos Castro fue asesinado a tiros en un restaurante de Poza Rica. Organizaciones no gubernamentales consideran a Veracruz una de las regiones más peligrosas de México y el mundo para ejercer el periodismo.
Según la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, entre 2005 y 2024 se registraron 31 asesinatos de periodistas y cuatro desapariciones. El caso de Ramírez se suma a una tendencia regional que afecta la libertad de expresión y que sigue los ojos de la comunidad internacional y de la diáspora mexicana.










