Un análisis sociológico cuestiona la propuesta de uniformar jóvenes como solución a la crisis estructural
La discusión sobre el servicio militar obligatorio como respuesta a la desorientación juvenil vuelve al centro del debate público dominicano, pero un análisis sociológico advierte que se trata de una salida mágica que desconoce las causas estructurales de la exclusión, la violencia y la frustración social.
Durante mucho tiempo, buena parte del debate público sobre la juventud en República Dominicana ha sido reducido a una fórmula simple: asociar la desorientación juvenil con una falta de disciplina militar. Esa idea parte de una confusión profunda entre orden y desarrollo social. Una sociedad no se fortalece únicamente porque exista una ciudadanía con disposición a la obediencia, sino porque logra construir proyectos de vida sostenibles y dignos. La disciplina puede ser una herramienta útil en ciertos contextos, pero por sí sola no es un método correctivo de problemas estructurales que producen exclusión, violencia o frustración social.
Desde una perspectiva sociológica, los problemas asociados a la juventud rara vez nacen del simple ocio. Lo que suele existir detrás es una combinación de precariedad educativa, desempleo, desigualdad social y ausencia de movilidad social. Un joven que crece en un entorno donde la escuela no garantiza aprendizaje real, donde el trabajo es informal o inexistente y donde ascender es un imposible, difícilmente encontrará estabilidad únicamente mediante entrenamiento militar. La construcción de una buena sociedad no nace de uniformarnos por unos cuantos meses. De hecho, cuando las oportunidades estructurales se mantienen ausentes, el efecto es contrario, puesto que el regreso del uniformado es al mismo concepto que generó el problema inicial.
También existe un error frecuente al asociar la formación militar con mejor educación. La educación en términos modernos no se limita a la formación de transmisión de obediencia o respeto a la autoridad. Las grandes corrientes pedagógicas contemporáneas nunca han tenido un planteamiento que correlacione la milicia con la educación, incluso la que también necesitamos: pensamiento crítico, análisis, capacidades técnicas y habilidades para desarrollarnos en sociedades complejas. La escuela ha sido históricamente para la ampliación del horizonte intelectual y social, no para motorizar individuos bajo la lógica de permanencia jerárquica. Por eso, muchos expertos han mencionado que la relación entre el servicio militar y una mejora en la educación de la persona no tiene fundamento conceptual sólido. Son ámbitos distintos, con finalidades distintas.
Otro aspecto importante es que este tipo de propuestas surgen bajo el marco de percibir a la sociedad en un enclave de parches. La ansiedad social, el aumento de la seguridad, el desempleo o la sensación de desorden público colocan al individuo en una vulnerabilidad que se pretende resolver con salidas mágicas. Mientras la magia siga siendo la guía de nuestros problemas, viviremos bajo sus efectos. Esta aparece, crea una ilusión y se despide. Así de gráfico es nuestro problema.










