A medida que se recrudece la carrera mundial por la IA, también lo hace la lucha por asegurar la soberanía en materia de IA.
Aún antes de que se calmara el revuelo por la salida a bolsa de SpaceX, la administración Trump ya estaba, según se informa, manteniendo conversaciones con OpenAI y otros importantes laboratorios de IA sobre la posibilidad de adquirir una participación accionarial antes de que ellos también salieran a bolsa.
Del mismo modo, el Fondo Nacional de Inversión en la Industria de la Inteligencia Artificial de China, respaldado por el Estado, estaría ultimando las negociaciones para invertir en la primera ronda de financiación externa de DeepSeek.
A primera vista, estas maniobras paralelas sugieren una convergencia entre las dos principales potencias mundiales en IA.
Pero un análisis más detallado revela marcadas diferencias en sus estrategias subyacentes para asegurar la soberanía en IA.
En Estados Unidos, parece estar surgiendo una coalición formada por políticos tanto de izquierda como de derecha —entre ellos Donald Trump y el senador de izquierdas Bernie Sanders— en torno a la idea de que un fondo público o de riqueza soberana podría ayudar a los ciudadanos de a pie a participar en la riqueza potencialmente enorme generada por la IA.
Por radical que pueda parecer esta propuesta, podría hacerse realidad, sobre todo teniendo en cuenta que tanto OpenAI como Anthropic han respaldadoideas similares.
Pero una vez que el Gobierno adquiere una participación en un laboratorio de IA, se crea un conflicto de intereses.
Es posible que se lo piense dos veces antes de intervenir de forma agresiva contra la empresa, ya sea por motivos de seguridad, antimonopolio, regulación de contenidos u otros.
Además, tal acuerdo podría dar lugar a empresas de IA que sean «demasiado grandes para quebrar».
La directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, ya causó polémica el año pasado cuando sugirió que un «respaldo» federal podría ayudar a financiar la infraestructura informática necesaria para impulsar el desarrollo de IA de la empresa.
Los críticos en EE.
UU.
han comenzado así a señalar la experiencia china, destacando las ineficiencias de la inversión estatal y la corrupción generalizada y el despilfarro financiero que plagaron los fondos de semiconductores respaldados por el Estado que precedieron al fondo nacional de IA.
Pero este argumento pasa por alto el reciente giro en la estrategia de innovación de China, que se describe mejor como «capitalismo de Estado de plataforma».
Como hemos argumentadoS.
Alex Yang, de la London Business School, y yo, el Gobierno chino gestiona su enorme ecosistema de innovación de forma muy similar a una gran plataforma digital.
Tras utilizar subvenciones y otros incentivos para atraer a las empresas, el Gobierno aplica una regulación para gobernar las interacciones entre los participantes de la plataforma y, a continuación, impone estrictos controles de salida para mantener su ventaja competitiva.
La misma lógica se aplica a las inversiones estatales.
Antes de examinar más de cerca cómo funciona el Estado de plataforma, conviene analizar las prácticas comunes de las grandes empresas tecnológicas chinas.
Por encima de todo, estas empresas han invertido miles de millones de dólares no solo para obtener beneficios económicos, sino también para construir y fortalecer sus propios ecosistemas.
Alibaba, por ejemplo, ha invertido, según se informa, en la mayoría de los principales laboratorios de IA de China, incluidos Moonshot AI, MiniMax y Zhipu.
Algunas de estas inversiones se han realizado en parte en forma de créditos de computación en la nube, lo que ha atado a las startups a la propia infraestructura en la nube de Alibaba.
Cabe destacar que se observa un fenómeno similar en EE.
UU., donde Nvidia, Google y Microsoft han realizado importantes inversiones en los principales laboratorios de IA.
El fondo nacional de IA de China está adoptando una estrategia similar.
El fondo se puso en marcha a principios de 2025 con un capital inicial de 60 000 millones de yuanes (8200 millones de dólares), procedente de la tercera fase del gigantesco fondo gubernamental para semiconductores (Big Fund III).
Esta historia de origen arroja luz sobre la misión del nuevo fondo.
Al igual que el Big Fund III, cuyo objetivo era reducir la dependencia de proveedores externos de chips y construir un ecosistema nacional más resiliente, el nuevo fondo se guía por la búsqueda de la autosuficiencia, con inversiones dirigidas a empresas de todo el ecosistema de la IA, desde el diseño de semiconductores hasta las aplicaciones de IA.
Visto así, la inversión prevista del fondo nacional de IA en DeepSeek puede entenderse como una forma de gobernanza de la plataforma.
Al brindar apoyo financiero a un complemento de la plataforma, el Estado puede garantizar que el desarrollo de productos de la empresa se alinee con los intereses estratégicos más amplios de China.
Cuanto más se optimicen los modelos de DeepSeek —que son de código abierto y se utilizan ampliamente en todo el mundo— para los chips nacionales, más podrán estimular la demanda de hardware nacional e incentivar a los desarrolladores a crear en torno a la pila de IA de China.
DeepSeek ya está avanzando en esta dirección al colaborar estrechamente con Huawei en sus últimos modelos V4, que, según se informa, se han adaptado para funcionar en los chips Ascend de Huawei, la mejor alternativa nacional china a los chips de Nvidia.
Por lo tanto, es ingenuo considerar la reciente decisión de China de invertir en DeepSeek como un simple intento de apoyar a un campeón nacional.
En cambio, China está fomentando un ecosistema de IA más amplio y coordinando el desarrollo de productos de DeepSeek más estrechamente con el resto de la cadena de suministro de IA.
Esto significa que la inversión estatal china no debe descartarse como otro caso de asignación ineficiente de recursos.
Mientras Estados Unidos debate si el Gobierno debe invertir en sus principales empresas de IA y cómo hacerlo, el enfoque sistemático de China respecto a la inversión de capital merece una atención más detallada.
De lo contrario, Estados Unidos podría acabar adoptando una versión anticuada del capitalismo de Estado justo cuando China avanza hacia un modelo más sofisticado.
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